Con este lema y con sede en Urugüay, con miras a la promoción en América
Latina, viene desarrollando su actividad una organización que, a partir de
una absurda concepción del feminismo, pretende hermanar una "libertad
absoluta de la mujer" con su compromiso cristiano.
Urge puntualizar las pretenciones de la dicha organización, tanto porque
la consigna es demasiado universal, como porque implica el compromiso de fe;
también porque constituye una serie amenaza, dadas las alianzas de dicha
organización con grupos, algunos subvencionados con recursos de EE.UU.,
grupos promotores del aborto y de una serie de actividades que, en último
término, van en contra de la dignidad de la misma mujer y de la familia y la
sociedad.
Dios nos hizo libres; hombre y mujer, por su propia naturaleza y no por
concesión de la autoridad humana, son libres.
Desde luego que nuestra libertad no es absoluta. El único que goza de
libertad absoluta es Dios, principio y fuente de nuestra existencia y de
nuestra libertad. Además, nuestra libertad tiene fronteras: la libertad de
los demás, libertad que debemos respetar. Nuestra propia naturaleza: nuestra
propia vida, la dignidad, la salud, la ley natural y las leyes humanas,
cuando son justas, constituyen fronteras que debemos respetar, sin que se
pueda alegar "derecho" para estorbar ni desconocer los "derechos" de
quienes, con justicia, alegan el derecho que les corresponde.
La vida de los demás, a nivel de conciencia, debe ser respetada y
protegida. Nadie puede alegar "derecho" para atentar contra la vida de los
demás.
Es cierto que la persona, en fuerza del atributo de la libertad, puede
escoger entre el bien y el mal, el cumplimiento de la ley o la violación de
la misma, entre ser justa o injusta, entre la honradez y la corrupcción,
entre el legítimo ejercicio de la autoridad o el abuso de la misma.
Una mujer puede decidirse por ser honrada o por dedicarse a la
prostitución.
Todo lo anterior, aducido en forma de ejemplos, es verdad.
La cuestión no se plantea, si no se pretende engañar, en cuanto a si
puede o no puede. El meollo del planteamiento es el siguiente: si se puede
alegar "derecho" para hacer el mal. Si, con base a la libertad, patrimonio
de toda persona, se puede alegar derecho, una persona asesina a otra, roba,
secuestra, viola...puede alegar que es libre y, por lo mismo que tiene
derecho de violar, asesinar, robar y dedicarse a la productiva actividad de
las drogas.
Nadie que use el cerebro puede estar de acuerdo en esta confusión entre
"libertad" y "derecho".
La autoridad y la ley estarían de más. En los conflictos originados por
"las libertades encontradas" en pugna, se impondría la ley "del más fuerte".
La cuestión se torna delicada, cuando se puntualiza el sujeto con la
expresión : "católicas", con lo cual se pretende alegar un supuesto derecho
sin horizontes, en favor de la mujer católica.
En el fondo de la cuestión está el tema del aborto, problema muy serio y
que exige madura y puntualizada exposición.
La expresión "católicas", a partir de la experiencia y con base en la
misma, requiere de un análisis o precisión.
Hay "católicos" que lo son porque fueron bautizados en la Iglesia
Católica, pero cuya vida nada tiene que ver con la fe. Realizan la expresión
de Pablo VI : el divorcio entre la vida y la fe.
También los hay motivados por cierta tradición de familia, que entienden
su catolicismo a su manera, reduciéndolo a ciertas participaciones
religiosas, en ocasión de acontecimientos familiares: matrimonios, quince
años, primeras comuniones.
Los hay, renegados, indiferentes. Se dicen católicos algunos que van a la
Iglesia "cuando les nace". También los hay de un estilo escandaloso: se
dicen católicos; pero son injustos, negreros.
Puede apelar a su título de católico, como católico, todo aquel que,
consciente de su compromiso bautismal : ser testigo y amigo de Jesús, aún
experimentando la resistencia de sus pasiones respecto del cumplimiento de
las exigencias del cristiano: amar a Dios, amar y respetar a sus semejantes,
respetar su vida y la de los demás; se esfuerza y lucha por mantenerse fiel
en la fe.
El verdadero católico, hombre o mujer, no se asocia para cobrar fuerza en
la lucha en contra de la ley divina.
El católico sabe que Dios nos hizo libres y Cristo fortalece nuestra
libertad; pero no en favor del egoísmo; sino para vivir el compromiso de
amarnos y ser solidarios en actitud de servidores de nuestros semejantes.
¡Católicas por el derecho a decidir en contra de la ley de Dios! , es un
absurdo.
La ley de Dios dice textualmente : "¡No matarás!"
El planteamiento, en términos bien definidos es el siguiente: el nuevo
ser que se gesta en el seno materno "pasa primero por condiciones de vida
simplemente animal : lombriz, rana, ratón y , a partir de la tercer o cuarta
semana, como parece suponerlo la legislación española, finalmente se
desarrolla como vida humana."
Nosotros decimos categóricamente : ¡No!
Desde el momento de la fecundación, el ser que se inicia es un ser
humano. Es sencillamente monstruoso el apelar a un "derecho" como propio de
una mujer "católica" en cuanto a la decisión de dejar con vida o asesinar a
un inocente.
En relación con el "supuesto derecho" de dar categoría jurídica a la
"pena de muerte", aún cuando se trata de personas que en su comportamiento,
más bien parecen bestias de la selva: asesinos, violadores, traidores...; se
levanta un vocerío en términos de oposición gritando: no, nadie tiene
derecho a privar de la vida a un ser humano. El hijo que asesinó a sus
padres y hermanos, el monstruo que por saciar su sed de placer violó a una
niña de cinco años (cuantos casos en nuestros días)...tienen derecho a
seguir viviendo, así lo proclaman cuantos votan en contra de la pena de
muerte.
Pero tratándose del aborto procurado, existen legislaciones que
despenalizan, por lo mismo legalizan el aborto: asesinato de inocentes. Hay
médicos que ejercen su profesión, asesinando y hay también enfermeras y
otras gentes que "hacen su buen negocio" asesinando inocentes.
El monstruo criminal tiene derecho a vivir. El inocente, que no cuenta
con más protección que aquella que le debe brindar la madre, puede ser
asesinado por "mujeres católicas". Absurdo, hipocresía, violencia, maldad.
Que se apele a la libertad para convertirse, una mujer, en monstruo
asesino, estoy de acuerdo. Todos podemos usar o abusar de nuestra libertad
favoreciendo el egoísmo y los vicios. Pero que no se alegue "derecho", que
no se manche el título de católica, "católicas homicidas". Alertas madres
católicas, porque el mal, las malas ideas, se propagan como cualquier
epidemia. Estas "mujeres católicas" realizan una intensa labor proselitista
y cuentan con jugosos subsidios verdes.