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LECCIÓN 1: MI VIDA Y DIOS Desde los albores de su aparición en la tierra, el hombre ha buscado a Dios. La conciencia de sus limitaciones, la necesidad de tener una seguridad en su vida y la aspiración a una vida eterna lo han impulsado a creer en un Ser Absoluto y Todopoderoso, y el hombre, conocedor de su inseguridad y ansioso por aferrar lo perdurable en el tiempo y en el espacio, ha descubierto su dependencia estricta de Dios. De muchas y variadas formas, a lo largo de la historia, el hombre ha honrado a su Dios por medio de creencias y religiones.
EXPECTATIVAS:
PALABRAS CLAVE: (apunte aquí para ver el significado de las palabras)
I. Cómo puedes conocer a Dios Hay una distancia infinita entre la mente humana y la realidad de Dios. Tratar de conocer a Dios como si pudieras encontrarte con El, cara a cara a la vuelta de la esquina, sería ingenuo. Sin embargo, ¿cómo es que el hombre, desde que existe, siempre ha afirmado la existencia de una divinidad? Aunque ha habido quien ha negado su existencia, sobre todo en estos últimos siglos, la mayoría ha profesado fe en alguna deidad. Las varias religiones del pasado y del presente son testigos de ello. Este es un hecho histórico innegable. Así el "Catecismo de la Iglesia Católica" explica esta realidad: "El deseo de Dios está inscrito en el corazón del hombre, porque el hombre ha sido creado por Dios y para Dios; y Dios no cesa de atraer al hombre hacia sí, y sólo en Dios encontrará el hombre la verdad y la dicha que no cesa de buscar" (NC 27). Esta búsqueda constante de una divinidad, expresada por medio de múltiples creencias y comportamientos religiosos a lo largo de la historia y en todas partes, permiten afirmar que el hombre es "un ser religioso" (cf Ib 28). "Incluso después de haber perdido, por su pecado, su semejanza con Dios, el hombre sigue siendo imagen de su Creador. Conserva el deseo de Aquel que le llama a la existencia. Todas las religiones dan testimonio de esta búsqueda esencial de los hombres (cf Hch 17,27)" (Ib 2566). Si te detienes unos instantes a reflexionar, puedes llegar a entender por tu razón y por tu propia experiencia interior que Dios existe, por el simple anhelo de poseer una verdad sin engaños y de ser correspondido por un amor sin reservas ni infidelidades. ¿Crees que este deseo interior que se manifiesta es sólo una vana ilusión? ¿No crees que si existe es porque Alguien puede satisfacerlo?
El descubrimiento de la existencia de Dios lo puedes realizar por estos caminos: 1) Por el universo. Observa todo lo que existe a tu alrededor: las maravillas del universo que trabaja puntualmente como un reloj, los planetas, las constelaciones, las galaxias... Pero no hace falta ir tan lejos; en el cuerpo humano podrás observar la máquina más perfecta y sofisticada, y te asombrarás al encontrar datos como el de contar con una red de vasos capilares que mide más de 90,000 kms. de extensión, y que todos los días el ser humano respira 12,000 litros de aire fresco. Ante tales maravillas, descubrirás que el mundo necesariamente tuvo un principio; que comenzó a existir en algún momento. Alguien debió hacerlo, alguien creador y todopoderoso, puesto que nada existe sin que alguien le haya dado el ser. Ninguna cosa surge de la nada, porque sí (cf Ib 32). "Porque lo invisible de Dios, desde la creación se deja ver a la inteligencia a través de sus obras: su poder eterno y su divinidad..." (Rom 1, 20). 2) Por la conciencia humana. En tu interior puedes descubrir que existe un orden moral que hay que respetar, una ley que te incita a obrar el bien y evitar el mal. Por ejemplo, cuando ayudas a cruzar la calle a una ancianita experimentas la alegría de haber hecho bien. Descubres, además, que esta ley moral interior no la has fabricado tú mismo, ni proviene de otras personas. Tal vez tus padres te ayudaron a descubrirla y a observarla, por una educación esmerada, pero es una ley que está por encima de los hombres, de los lugares y de la historia. Es una ley inscrita en ti mismo, que te hace ser humano cuando la cumples, e inhumano cuando la quebrantas. Nadie dirá, por ejemplo, que matar a otro es bueno (cf NC 33). Por ello, sólo una mente infinitamente sabia, un Supremo Legislador, pudo haber escrito y promulgado en tu conciencia este orden moral común a todos los hombres. * Lee Rom 2, 14 y ss. 3) Por la historia. Todos los pueblos a lo largo de la geografía mundial, en todas las épocas han dado testimonio de un Dios y han demostrado la capacidad de calificarlo como creador y hacedor de su mundo, de la humanidad misma. * Lee Hech 14, 14-16 y 17, 26-29. 4) Por el anhelo de vivir eternamente. Seguramente tú rechazas la posibilidad de terminar tu vida en la nada, en el vacío, en el olvido..., porque tienes en el alma el deseo apremiante de inmortalidad. De ahí concluyes que debe existir un Ser que no termine nunca, que sea Eterno y que asegure, garantice y llene tus esperanzas de inmortalidad. Dios, pues, existe. Pero, ¿cómo es Dios? Las así llamadas pruebas de la existencia de Dios, que aquí apenas hemos esbozado, no son demostraciones de tipo matemático, como algunos esperaban. Son indicios ciertos y suficientes para concluir racionalmente que la existencia de un Dios Omnipotente, Bueno y Creador no sólo no contradice las exigencias de la inteligencia y de la experiencia, sino que explica la insuficiencia del universo para dar razón de sí mismo, el testimonio de nuestra conciencia, la universalidad del fenómeno religioso y el anhelo de eternidad del corazón humano.
II. Dios se da a conocer Si Dios me ha creado y me ha dado la capacidad de conocerlo, no me deja solo. Si yo con mi inteligencia puedo descubrir que Dios existe, puedo también llegar a conocer algo acerca de quién y cómo es Dios. Pero es muy poco lo que la mente humana puede penetrar en este conocimiento. "¡Qué incomparables encuentro tus designios, Dios mío! ¡Qué inmenso es su conjunto! Si me pongo a contarlos, son más que la arena; si los doy por terminados, aún me quedas Tú" (Sal 139, 17-18). Por eso, Dios sale a tu encuentro y se manifiesta, se revela, se te da a conocer. "Por esto el hombre necesita ser iluminado por la revelación de Dios, no solamente acerca de lo que supera su entendimiento, sino también sobre ‘las verdades religiosas y morales que de suyo no son inaccesibles a la razón, a fin de que puedan ser, en el estado actual del género humano, conocidas de todos sin dificultad, con una certeza firme y sin mezcla de error’ (ibid. DS 3876; cf Cc Vaticano I: DS 3005; DV 6; S. Tomás de A., s.th.1,1,1)" (NC 38).
Lo que Jesucristo nos ha revelado sobre Dios y sobre la salvación del hombre llega hasta ti a través de un doble conducto: uno escrito, que es la Sagrada Escritura, o la Biblia; y otro llamado Tradición, que está formada por las enseñanzas, la vida y el culto de la Iglesia (cf Ib 81).
Pero eso no es suficiente. Aún con estos auxilios seguimos sin entender sólo con nuestra mente lo que Dios dice. Por ello Dios te da el don de la fe. Nos hace capaces de creer: de creer lo que dice la Biblia, lo que enseña la tradición, y más específicamente, de creerle a El y de creer en El. Si un amigo tuyo, llega un día y te dice que acaba de estar en Roma y que vio al Papa, tú, si le tienes confianza, le crees, aceptas su palabra y no dudas de tu amigo. Eso es fe. Eso es creer.
Dios te da la fe. El te habla, y tú, por la fe sobrenatural, aceptas su Palabra, crees en lo que Dios te dice. Por la fe, pues, aunque no entiendas del todo, aceptas. Y lo haces porque confías en Dios, porque El merece credibilidad, porque El es la Verdad misma. "Por la fe, el hombre somete completamente su inteligencia y su voluntad a Dios. Con todo su ser, el hombre da su asentimiento a Dios que revela (cf DV 5). La Sagrada Escritura llama ‘obediencia de la fe’ a esta respuesta del hombre a Dios que revela (cf Rm 1, 5; 16, 26)" (NC 143). Así, aunque sea de manera imperfecta y limitada, por la fe en su palabra, tú puedes descubrir: 1. Que Dios es creador. El lo ha hecho todo. El es el principio y la razón de todas las creaturas. * Lee los salmos 8 y 104. Podrías pensar que te han creado tus padres, pero lo correcto es decir que ellos te han transmitido la vida. Porque Dios es creador de todo cuanto existe. El ha creado también los seres de los que provenimos todos los hombres. Los científicos han logrado experimentos grandiosos, como el aislamiento de una molécula, el lanzamiento de un satélite capaz de observar por telescopio otros sistemas estelares y mandar fotogramas a la tierra; pero nunca será capaz de producir vida de la nada. Ese poder lo tiene sólo y exclusivamente el Creador (cf NC 290). * Lee todo el salmo 139, antes citado. 2. Que Dios es Padre. Esta es una de las enseñanzas centrales de todo el mensaje de Jesucristo. El nos enseñó a orar así: "Padre nuestro, que estás en el cielo..." (Mt 6, 9). "Al designar a Dios con el nombre de ‘Padre’, el lenguaje de la fe indica principalmente dos aspectos: que Dios es origen primero de todo y autoridad trascendente y que es al mismo tiempo bondad y solicitud amorosa para todos sus hijos... Dios trasciende la distinción humana de los sexos. No es hombre ni mujer, es Dios. Trasciende también la paternidad y la maternidad humanas (cf Sal 27,10), aunque sea su origen y medida (cf Ef 3, 14; Is 49, 15): Nadie es padre como lo es Dios" (NC 239). Medita también en: "¡Mirad qué grande amor nos ha tenido el Padre, de poder llamarnos hijos de Dios, pues lo somos!" (1Jn 3, 1). 3. Que Dios es Amor. "El Dios de nuestra fe se ha dado a conocer como ‘rico en amor y fidelidad’ (Ex 34,6). Su ser mismo es Verdad y Amor" (NC 231). Si Dios te ha dado la vida y te busca es porque quiere tu bien. Eso significa amar. "Si vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que se las pidan!" (Mt 7, 11). * Lee 1Jn 4 y 5; y Rom 8. En la vida de todos los días y a través de múltiples caminos, Dios te manifiesta el amor infinito que te tiene: la educación que recibiste de tus padres y educadores; los acontecimientos felices o tristes que te llevan a acercarte a El; los gestos de ayuda de quienes te rodean; los reclamos de tu conciencia a vivir mejor y a construir un mundo más perfecto, y desde luego, los dones inmensos que te ha regalado: la vida natural, la fe, la gracia, la Sagrada Escritura, etc. 4. Que Dios es fiel y misericordioso. "A pesar de la infidelidad del pecado de los hombres y del castigo que merece, ‘mantiene su amor por mil generaciones’ (Ex 34,7). Dios revela que es ‘rico en misericordia’ (Ef 2,4) llegando hasta dar su propio Hijo, Jesús, dando su vida para librarnos del pecado" (NC 211). Siente compasión de las debilidades de los hombres, de tus propias debilidades. * Lee la parábola del hijo pródigo, Lc 15, 11-32. 5. Que Dios es Salvador. Así lo descubrió el pueblo de Israel cuando fue liberado de la esclavitud de los egipcios. Y así lo descubrieron los seguidores de Cristo: Dios se revela como alguien que viene a salvar al hombre del mal, del pecado. "Jesús realizó obras como el perdón de los pecados que lo revelaron como Dios Salvador" (NC 594). "Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en El no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por El" (Jn 3, 16-17). * Lee Rom 5, 8-10. Esto se verá ampliamente en las próximas lecciones. Y por ahora, no queda sino decir que Dios está más allá de lo que se puede imaginar... * Lee el apéndice: 1-I.
III. Tu relación personal con Dios La búsqueda, el conocimiento y adhesión a Dios, es la gran tarea de tu existencia. A fin de cuentas es Dios quien da sentido a tu vida; en Dios descubres tu propio destino, en El encuentras el valor para emprender una tarea llena de esfuerzos y fatigas; en Dios está la satisfacción de toda creatura y sólo El puede dar el pleno sentido a la vida del hombre. ¿Te has preguntado que quiere Dios de ti? Buscar, descubrir y realizar el plan que El te ha trazado desde toda la eternidad, constituirá tu felicidad temporal y eterna. Para lograr la intimidad con Dios, Jesucristo te ha dejado, entre otros, dos medios principales: los sacramentos y la oración. Nos detendremos ahora a dar algunas ideas sobre esta última.
En la oración tú disPones de un medio importante y eficaz para conocer más a Dios: como sucede en el diálogo con otras personas: entre esposos, hijos, hermanos, amigos, que a través de la comunicación se conocen mejor, así es posible entablar un diálogo con Dios y conocerlo mejor... La oración te ayuda a amar más a Dios, porque en ella descubres su bondad, su amor y cuidado sobre ti. "Dios es quien primero llama al hombre... el Dios vivo y verdadero llama incansablemente a cada persona al encuentro misterioso de la oración. Esta iniciativa de amor del Dios fiel es siempre lo primero en la oración, la iniciativa del hombre es siempre una respuesta. A medida que Dios se revela, y revela al hombre a sí mismo, la oración aparece como un llamamiento recíproco, un hondo acontecimiento de Alianza" (NC 2567). Tipos de oración:
"Señor, Dios mío, qué grande eres..." (Sal 104, 2).
"Señor, enséñame tu camino, guíame por la senda llana" (Sal 26, 11).
"Misericordia, Dios mío, por tu bondad; por tu inmensa compasión borra mi culpa" (Sal 50).
"Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia" (Sal 110).
Desde otro punto de vista, la oración puede ser individual o colectiva:
Para orar bien necesitas fe, confianza, amor, humildad, perseverancia, y, sobre todo, aceptación de la voluntad de Dios. No debes orar sólo para que Dios te conceda lo que pides, sino para conocer y cumplir lo que El quiere de ti, para conocer su proyecto, su plan sobre tu vida. Orar, pues, es, además de dedicar espacios exclusivos a Dios, para comunicarse con El, escucharlo, conversar, ya sea a solas, ya sea en público, unirse a El en la vida ordinaria por el cumplimiento de su voluntad. En la oración recibes luz para conocer mejor el camino hacia Dios y la fuerza para emprenderlo con valentía y amor. * Lee el apéndice 1-II. "Oración, mucha oración. Recuerda las palabras de Jesucristo: "sin mí no podéis hacer nada". Trabaja muy unido a El, sin buscarte a ti mismo. Haciendo que toda tu vida sea una oración permanente; una oración que se convierta en inmolación con Cristo para la gloria del Padre y la salvación de las almas. Todos los momentos de tu vida han de ser oración. Tu vigilancia, tus clases, tus ratos de desahogo, tu descanso. Vive todos tus momentos en un clima de oración y fe". (P. Marcial Maciel, L.C. 17de febrero de 1964) "No os dejéis seducir por la tentación de que el hombre puede plenamente encontrarse a sí mismo negando a Dios y cancelando la oración de su vida, permaneciendo tan sólo trabajador y engañándose al creer que sus solos productos pueden satisfacer los deseos del corazón humano. ‘No sólo de pan vive el hombre’... La oración debe abrazar todo lo que forma parte de nuestra vida; no puede ser algo suplementario o marginal". (Juan Pablo II, Polonia 1979)
IV. Requisitos para encontrarme con Dios Para lograr descubrir al Señor es necesario: 1. Humildad. Para decirlo con Juan Pablo II (Alocución del 14-III-1979): "El encuentro con Dios en la oración, no es más que el reconocimiento de nuestros límites y de nuestra dependencia: venimos de Dios, somos de Dios y retornamos a Dios. Por tanto no podemos menos de abandonarnos a El, nuestro Creador y Señor, con plena y total confianza... El encuentro con Dios es ante todo un acto de inteligencia, un sentimiento de humildad y de reconocimiento, una actitud de confianza y de abandono en Aquel que nos ha dado la vida por amor". 2. Apertura. Tener tu espíritu abierto a la voz de Dios; confiar en Dios, que busca únicamente tu bien. Estar abierto y anhelar el conocimiento de la Verdad. Dios es la Verdad Absoluta y por tanto también tu verdad. "Con la oración todo lo podéis, sois dueños, por decirlo así, del querer de Dios" (Santo Cura de Ars, sermón sobre la perseverancia). 3. Búsqueda. No conformarse con lo que ya sé; seguir buscando en el estudio, en la reflexión, en la oración, en las enseñanzas del Papa y de los obispos, en la Sagrada Escritura y en la Tradición de la Iglesia. "Oh Dios, Tú eres mi Dios, yo te busco, mi alma tiene sed de Ti. Lo mismo que la tierra sin agua, mi ser entero tiende a Ti" (Sal 63). 4. Disponibilidad. Mientras más conozco a Dios más descubro que él me llama al bien, me invita a seguirlo a través de la imitación de sus virtudes. Sin mi disponibilidad para escuchar y comprometerme con El no hay posibilidad de encuentro. "Tú eres mi Dios, por ti suspiro día y noche. Y cuando te conocí por primera vez, fuiste Tú quien me elevó hacia ti, para hacerme ver que había algo que ver y que no era aún capaz de verlo. Y fortaleciste la debilidad de mi mirada irradiando tu fuerza sobre mí, y me estremecí de amor y de temor; y me di cuenta de la gran distancia que me separaba de Ti, por la desemejanza que hay entre tu y yo, como si oyera tu voz que me decía desde arriba: "Soy alimento de adultos: cree, y podrás comerme. Y no me transformarás en substancia tuya, como sucede con la comida corporal, sino que tú te transformarás en Mi". (S. Agustín, Confesiones) "Me sorprende el recuerdo de la realidad más radiante que vivimos los cristianos. Tengo a Dios en medio de mi corazón... ¡Todo está arreglado! ¡Adiós soledad, adiós tristeza, adiós lágrimas! ¡Lo tengo todo! El está conmigo. El me consuela. El me sanará... Sólo DIOS, hijos, sólo DIOS... Dios sana las heridas más profundas, alegra los más tristes momentos de la vida. Dios comprende todo nuestro ideal. Dios embellece los campos y hace cantar a los pajarillos. Dios es objeto digno del amor de nuestros corazones. Es amigo, padre y hermano. Dios nunca falta... Dios es fiel...". (P. Marcial Maciel, L.C., carta del 4 de julio de 1946)
Sugerencias para participar en el Foro de Discusión
1. "Descubrimos la existencia de Dios por lo que El ha hecho". 2. "Podemos conocer mejor a Dios, además de por sus obras, por la revelación". 3. "Dios es un ser espiritual, todopoderoso, creador, salvador, eterno, infinitamente bueno, dueño y señor de todas las cosas".
CONSECUENCIAS DE LA FE EN EL DIOS UNICO «Creer en Dios, el Unico, y amarlo con todo el ser tiene consecuencias inmensas para toda nuestra vida: Es reconocer la grandeza y la majestad de Dios: "Sí, Dios es tan grande que supera nuestra ciencia" (Jb 36,26). Por esto Dios debe ser "el primer servido" (Santa Juana de Arco). Es vivir en acción de gracias: Si Dios es el Unico, todo lo que somos y todo lo que poseemos viene de El: "¿Qué tienes que no hayas recibido?" (1Co 4,7). "¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?" (Sal 116, 12). Es reconocer la unidad y la verdadera dignidad de todos los hombres: Todos han sido hechos "a imagen y semejanza de Dios" (Gn 1,26). Es usar bien de las cosas creadas: La fe en Dios, el Unico, nos lleva a usar de todo lo que no es El en la medida en que nos acerca a El, y a separarnos de ello en la medida en que nos aparta de El (cf Mt 5, 29-30; 16, 24; 19, 23-24).
Es confiar en Dios en todas las circunstancias, incluso en la adversidad. Una oración de Santa Teresa de Jesús lo expresa admirablemente:
(Catecismo de la Iglesia Católica 1992, 222-227) APÉNDICE 1-II: «Cuando Dios revela, el hombre tiene que someterse con la fe (cf Rom 16, 26; comp. con Rom 1, 5; 2Cor 10, 5-6). Por la fe el hombre se entrega entera y libremente, le ofrece el homenaje total de su entendimiento y voluntad, asistiendo libremente a lo que Dios revela. Para dar esta respuesta de la fe es necesaria la gracia de Dios, que se adelanta y nos ayuda, junto con el auxilio interior del Espíritu Santo, que mueve el corazón, lo dirige a Dios, abre los ojos del espíritu y concede a todos gusto en aceptar y creer la verdad. Para que el hombre pueda comprender cada vez más profundamente la revelación, el Espíritu Santo perfecciona constantemente la fe con sus dones.» (Concilio Vaticano II, Dei Verbum, 5) APÉNDICE 1-III: «Dios, creando y conservando el universo por su Palabra (cf 1Jn 1, 3), ofrece a los hombres en la creación un testimonio perenne de sí mismo (cf Rom 1, 19-20); queriendo además abrir el camino de la salvación sobrenatural, se reveló desde el principio a nuestros primeros padres. Después de su caída, los levantó a la esperanza de la salvación (cf Gen 3, 15), con la promesa de la redención; después cuidó continuamente del género humano, para dar la vida eterna a todos los que buscan la salvación con la perseverancia en las buenas obras (cf Rom 2, 6-7). Al llegar el momento, llamó a Abraham para hacerlo padre de un gran pueblo (cf Gen 12, 2-3). Después de la edad de los patriarcas, instruyó a dicho pueblo por medio de Moisés y los profetas, para que lo reconociera a El como Dios único y verdadero, como Padre providente y justo juez; y para que esperara al Salvador prometido. De este modo fue preparando a través de los siglos el camino del Evangelio.» (Concilio Vaticano II, Dei Verbum, 3)
(Aquí termina la lección 1) Si no estás inscrito, pasa al espacio de Inscripciones para que hagas valido tu curso. Nota: para obtener la acreditación del curso se debe enviar la autoevaluación y la breve investigación de todas lecciones del mismo. Copyright©,
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