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Génesis


Génesis significa Origen. Contiene 50 capítulos y dos secciones de distinta longitud y de genero literario.

El Génesis se nos presenta como un libro escrito por numerosos autores, y cuya composición se prolonga por siete siglos, desde la salida de Egipto, con Moisés, hacia 1250 A.C., hasta la vuelta del cautiverio de Babilonia 538 A.C. Como los redactores son anónimos para nosotros, lo único que podemos hacer es indagar los grandes periodos de renovación, en los que estos diversos textos fueron reunidos.

I. Los orígenes del mundo y de la Humanidad (1-11).

1. La creación y el pecado original (1, 6-4).

2. El relato del Diluvio (6, 5-9; 17).

3. Del Diluvio a Abraham (9, 18; 11).

II. Los orígenes del pueblo de Israel (12-50).

Comprende la historia de los antepasados, conocidos con el nombre de "Patriarcas":

1. La historia de Abraham (12 - 25, 18).

2. La historia de Isaac y de Jacob (25,19 - 36).

3. La historia de José (37 - 50).

 

ALIANZA CON NOE.

Abarca a todo el genero humano (Gen 6, 18; 9, 9). Dios impone a los hombres una ley moral muy simple: se les concede ser los dueños de la tierra, multiplicarse en ella, alimentarse de sus productos y se les prohibe matarse mutuamente (Gen 9, 1-17), a cambio, Dios se compromete por una "Alianza", a conservar la naturaleza en buen orden (Gen 8, 22) y evitar que vuelva a producirse el diluvio.

Esto quiere decir, en definitiva, que las catástrofes más graves no tienen su causa en la naturaleza, sino en los hombres, y que si estos pusieran en su trabajo la energía que ponen en sus luchas mutuas, las cosas no irían tan mal.

ALIANZA CON ABRAHAM.

Su señal es la circuncisión y afecta a los descendientes del profeta (Gen 17).

ALIANZA CON MOISES.

Sellada con Moisés en el Sinaí. Es la que más se parece a los tratados de vasallaje que eran las alianzas de los antiguos reyes de Oriente. Quebrantada muchas veces por los pecados de Israel, esta alianza fue renovada en diversas ocasiones por los jefes de este pueblo. (2 Re. 11,17; 23, 3; 2Cro 15, 12; 23, 16; 29, 10; Neh 8-9).

1. Con Moisés las tribus que descienden de Abraham viven por vez primera una epopeya común: la larga marcha a través del desierto de Sinaí.

Nos quedarán de esto narraciones, en las que se dan los rasgos comunes a todas las civilizaciones nómadas. Pero en el Génesis es difícil encontrar en estado puro tradiciones que se remonten a esta época: reelaboradas más tarde, forman el fondo de relatos escritos más recientemente. Sin embargo, la gran figura de Moisés domina toda esta historia del nacimiento de un pueblo, y en la memoria de los hombres quedará Moisés como el autor principal de los primeros libros de la Biblia.

2. Con David y con Salomón, 1000-900 A.C., el pueblo elige un rey. Y al organizarse la monarquía, esta quiere apoyarse en la tradición religiosa de los antepasados. Se buscan para coleccionarlos los diferentes relatos que circulan por el sur de Palestina, el país de Judá que es el lugar donde ha sido implantada la realeza. De ahí que el conjunto de los textos de esta colección reflejen la lengua, el ceremonial, las costumbres y los pensamientos religiosos de la corte de Jerusalén. En estos textos se nombra a Dios de ordinario con el nombre de "Yavé", por esto se les da a estas tradiciones el nombre de "Yavistas".

3. Un siglo o dos más tarde se divide el reino. En Samaria, capital del reino del Norte, el poder favorece el resurgir de los antiguos cultos paganos de Canaán, anteriores a la llegada de los hebreos. Frente a esta tradición reaccionarán los profetas, y junto con ellos un partido religioso que se esfuerza en despertar la fe de los antepasados, volviendo una vez más a las fuentes. Los textos que se

reúnen en esta época y que se refunden están teñidos de antimonarquismo y cercanos a las ideas proféticas. Se les da el nombre de tradiciones "elohistas", porque en estos escritos a Dios se le llama "Elohim".

4. En 586 es conquistada Jerusalén; la flor y nata de la población es deportada a Babilonia. Para mantener entre los exilados un espíritu común, proponiéndoles la meditación de su lejano pasado, los sacerdotes de Jerusalén reúnen las tradiciones yavistas y elohistas y las unen con pasajes nuevamente redactados, que son los que formarán el cuadro de la obra de conjunto. A las partes que datan de esta época se les llama "sacerdotales".

LOS PUEBLOS DE LA TIERRA.

Al terminar el relato de la Torre de Babel, la dispersión de los pueblos sobre la tierra se presenta como un castigo. No hay que separar esta explicación de la que ha sido dada en el capítulo anterior, aunque sea totalmente diferente.

TRES ETAPAS DE LA CIVILIZACION.

Los Hijos de Cam ( v.6-20), el autor evoca pueblos de civilizaciones muy antiguas (Egipto, Babilonia, Asiria, Fenicia, Asia Menor, Creta). Estos pueblos vivían en el segundo milenio antes de nuestra era.

Los Hijos de Sem, el autor piensa naturalmente, en los hebreos (llamados "Los Hijos de Heber"). Pero sabe que hay también otros pueblos hermanos; los arameos, los árabes. Estos pueblos representaron un papel muy importante en la época de Moisés, hacia el final del segundo milenio. Los hijos de Sem corresponden, pues, a la segunda ola de pueblos del Oriente Medio.

Los Hijos de Jafet, se puede identificar a los medos y a los griegos (llamados en la antigüedad "Javán"). Se trata de pueblos que habitaban en unas regiones a las que los israelitas raras veces iban. Para ellos eran "los pueblos lejanos". Su entrada en la Historia tiene lugar hacia el siglo VI.

Así, algunos de estos nombres que no nos parecen interesantes hacen alusión a toda la historia de la civilización del Oriente Medio.

Los pueblos enumerados son en total setenta. En la Biblia el número setenta indica siempre universalidad. Por encima de la enumeración expresa (que se limita a las dimensiones del Oriente Medio), se pretende, por tanto, incluir o evocar a todos los pueblos del mundo.

En el texto bíblico todos estos pueblos descienden de un solo tronco, lo que manifiesta que son todos hermanos, cualquiera que sea su lengua, sus costumbres o el color de su piel. Pues la multiplicación de los hombres y de los pueblos es una bendición de Dios. El capítulo 10 responde a lo que se había dicho en el relato de la creación; "Creced y multiplicaos, y llenad la tierra" (1,28). Esta bendición se repite a continuación del Diluvio (9,1). En este capítulo 10 se muestra su realización, lo mismo que la proclamación de la bendición de Dios en los capítulos 1 y 9, forma parte del Código Sacerdotal. Por el contrario, el relato de la Torre de Babel es obra

del Yavista. Las dos tradiciones, la optimista y la pesimista, se complementan, el bien y el mal coexisten. La cizaña y el trigo están mezclados; finalmente, sin embargo, los errores y los pecados de los hombres no desvirtúan la bendición de Dios.

 

ABRAHAM, NUESTRO PADRE.

"El Señor dijo a Abram: sal de tu tierra, de tu parentela. Yo haré de ti un gran pueblo...Por ti serán benditas todas las naciones de la tierra...Primera intervención de la Palabra de Dios. Primer anuncio de la salvación. Primer anuncio de Cristo, del linaje de Abraham". (Gen.12)

¿Quien era Abraham?

El padre del pueblo hebreo, de Ur, de Caldea, en el Golfo Pérsico; era un arameo errante, se ha establecido en Jarán, no lejos del Eúfrates (Gen 11,31).

De ahí hace salir Dios a Abraham para enviarle a una tierra nueva, al país de Canán, lo que ahora llamamos Palestina, en donde se desarrollará toda la historia sagrada. Es el antepasado de las tres religiones más importantes que hay en la tierra: la judía, la cristiana y la musulmana.

Abraham se fía de la promesa de Dios y parte. ¿Que promesa es esta?. Promesa de carácter temporal (una tierra, una posteridad) que llegará a convertirse en promesa de salvación universal. En lontananza lo que se promete es Cristo, es la Iglesia.

Y al aceptar lo que Dios le dice, Abraham aparece como nuestro padre en la fe. La fe es algo más que una adhesión mental a los dogmas: es la aceptación de una Palabra que transforma la vida.

Estamos en el principio de nuestra historia religiosa: las costumbres de los creyentes se irán afinando poco a poco. Lo primordial es la fe.

El papel eminente que desempeña Abraham en el plan de Dios se comprenderá mejor escuchando lo que Jesús dice de el y meditando la página de la Carta a los Hebreos.

La historia de Abraham comienza con una promesa de Dios (Gen 12, 1-3).

Desde este primer anuncio se pueden percibir tres perspectivas abiertas por la promesa: Una tierra, "ve al país que yo te indicare", una descendencia numerosa, "Yo haré de ti un gran pueblo", una bendición sin precedente en la Historia, "Yo engrandeceré tu nombre, que será una bendición...Por ti serán benditas todas las naciones de la tierra".

A lo largo de los relatos siguientes Dios renueva esta promesa a Abraham en seis diferentes ocasiones: Gen 12,7; 13, 14-17; 15, 4-6; 18; 17, 4-8 y 15-19: 18, 9-15; 22, 16-18.

Hay que añadir aún que la promesa será hecha de nuevo a Isaac (Gen 26,24) y a Jacob (28, 13-15) y que a lo largo de los relatos que se refieren a los Patriarcas la promesa de Dios y la fe de los hombres que responden a ella, es el alma de la Historia y le da un sentido.

Desde el principio de su historia, vemos que Abraham obedece a una orden de Dios, que es, al tiempo, una promesa (Gen 12, 1-4). Tener por verdadera la promesa y obedecer a la orden es un acto único de sumisión confiada, es creer en Dios.

Sin embargo, la misma Biblia desarrolla, analizándola, esta idea en un capítulo nos invita a meditar sobre la fe de Abraham (Gen 15), y en otro sobre su obediencia (Gen 22). Este orden sugiere que la fe es más fundamental que la obediencia, en la cual, no obstante, encuentra su perfección.

En el capítulo 15 Dios abre la conversación renovando su promesa (v.1) y Abraham responde con una queja (v.3). No se le hace por ello reproche alguno, Dios no le pide que renuncie a la esperanza legítima de tener un hijo. ¿Y sería realmente esperar, el esperar sin prisas?

La promesa por tanto se repite. Y es ahora cuando el autor bíblico hace notar: "Creyó Abraham al Señor y le fue reputado por justicia" (v. 6).

Una "justicia" es una acción de un mérito excepcional (Dt. 24, 13).

Creer en Dios no es cosa indiferente ni fácil.

Sin embargo, Abraham parece dudar aún (v 8). De hecho, si leemos las historias de los hombres inspirados de Israel vemos que con mucha frecuencia piden a Dios o reciben u ofrecen por su parte una "señal" visible que pruebe que es verdaderamente Dios el que habla (Jue 6, 17; 1 Sam 10, 1 y ss; Is 7, 10; 38, 7-8). esto es exactamente lo que se le da también a Abraham le va a comprometer enteramente. Si la fe hace vivir en "presencia de Dios", ¿cómo no ha de ir acompañada de un deseo, de un esfuerzo hacia la perfección"? (Gen 17,1). Más tarde vendrá la orden del sacrificio (Gen 22). Fue la prueba de la fe para Abraham y del amor y fidelidad a Dios.

ISAAC, FIGURA DE CRISTO

El Génesis es muy parco al hablar de Isaac. Sin embargo, Isaac es el único de los tres Patriarcas en quien los Padres de la Iglesia ven una figura de Cristo. Dos acontecimientos bíblicos han llevado a relacionar a Isaac con su lejano descendiente Jesús:

1. El Hijo de la Promesa. Todo el Génesis tiende hacia el cumplimiento de la promesa hecha a Abraham: la de una numerosa descendencia.

El nacimiento de Isaac, como desafío a las leyes de la naturaleza, es la señal de la intervención de Dios; Isaac es el hijo de la Promesa.

El nombre que se le da, "Que Dios sonría, que sea favorable", evoca la risa, la alegría, la gracia de Dios. Los relatos que anuncian el nacimiento de Isaac están jalonados por la risa de Abraham, la risa de Sara, la risa de sus vecinos. Es también probable que Jesús haga alusión a esta risa y a esta alegría cuando dice:

"Abraham saltó de gozo por ver mi día; lo ha visto y se ha regocijado" (Jn. 8, 56). Abraham no vio más que el nacimiento de Isaac, pero esta primera realización de la promesa preparaba y anunciaba otro nacimiento, más milagroso aún, que traería la alegría al mundo.

2. El hijo sacrificado. Las palabras del relato del Génesis y la situación que describen evocan otro drama: "Toma a tu hijo, a tu único hijo, al que amas..., y ofrécele en holocausto en un monte."

Isaac lleva la leña del sacrificio, y pregunta: ¿"Dónde está el

cordero para el holocausto?" (Gen. 22, 2, 7).

En el último segundo, el hijo, Isaac, es librado de la muerte; en cambio, Jesús, el Hijo único, el Cordero de Dios, después de llevar el madero de la cruz, será inmolado. Ya en el mismo monte adonde Abraham ha llevado a Isaac para el sacrificio, se proclama de nuevo la Promesa; la muerte en la cruz, lejos de ser el fin, es el punto de partida de la resurrección y la fuente de la vida. No es extraño que los Padres de la Iglesia hayan visto en Isaac una figura de Cristo.

En la Anáfora primera, dentro del Canon de la Misa, se habla del "sacrificio de nuestro padre Abraham"; a Isaac no se le nombra; sin embargo, es de el de quien se trata. El es el hijo único ofrecido en sacrificio y quien recobra la vida para transmitirla a una larga posteridad.

ESAU Y JACOB

Isaac y Rebeca después de muchos años de casados tuvieron dos hijos, unos mellizos. El primero en nacer fue Esaú, Jacob fue el segundo. Un día, siendo ya mayores, Esaú llegó de cazar en el momento que Jacob se disponía a comer un plato de lentejas. Hambriento, cambió el derecho de primogenitura por el plato de lentejas. Isaac, engañado por Jacob y su madre, bendijo a Jacob y le legó su herencia. Temiendo la cólera de Esaú, Rebeca envió a Jacob a casa de su tío Labán en Aram.

Jacob se casó primero con Lía y luego con Raquel, hijas de Labán, y tuvo doce hijos:

Hijos con Lía: Rubén, Simeón, Leví, Judá, Isacar y Zabulón.

Hijos con la esclava de Lía: Gad y Aser.

Hijos con la esclava de Raquel: Dan y Neftalí.

Hijos con Raquel, su adorada esposa: José y Benjamín.

Después de haber servido a Labán durante veinte años, Jacob volvió a Canaán con su familia y sus hijos. A medida que iban acercándose a la tierra de Canaán, Jacob empezó a tener miedo de encontrarse con Esaú. Le mandó muchos presentes por mediación de sus servidores. Con gran sorpresa y gozo de Jacob fueron aceptados los dones. Esaú se apresuró a salir a su encuentro; la enemistad había desaparecido.

LOS DOCE HIJOS DE JACOB

Las "historias de familia" del Génesis son el único medio que tenía aquel grupo de gentes para hundir sus raíces en la "historia", porque la vida nómada o seminómada tiene sus leyes e impone sus estructuras sociales, como se puede ver no sólo en la Biblia, sino también y todavía en los nómadas actuales. La primera ley es esta: imposible vivir solo en el desierto; imposible igualmente vivir en masa; se requiere una unidad social bastante limitada para facilitar los movimientos, pero bastante fuerte también para asegurar su propia seguridad: esta unidad es la tribu. El vínculo que une a la tribu es el vínculo familiar, el vínculo de sangre real o supuesto. La tribu es un grupo de "hermanos", de familias que se creen descendientes de un antepasado único. En consecuencia, la historia de la tribu, y más que su historia, su carta de naturaleza, su ley, es la "historia".

LAS DOCE TRIBUS DE ISRAEL.

Todo esto nos ayuda a comprender la significación histórica de las "historias de familia", de las genealogías del Génesis, y de la querencia de Israel hacia estas tradiciones de familia: en ellas encontraba las fuentes de su fe, así como las bases de su unidad. Las tribus que, después de salir de Egipto se van a instalar en Canán, haciéndose sedentarias y convirtiéndose en nación, quedarán profundamente marcadas por su pasado seminómada. Su vínculo más fuerte será, con la fe de Yavé, el vínculo tribal e intertribal. Todo esto procede de los antepasados: "los hijos de Israel" que han recibido la misma sangre y la misma fe. Por eso "las doce tribus" confederadas tenían que hallar su origen en los "doce hijos de Jacob".

Tal como están, los relatos nos hacen tocar una realidad profunda: la unidad conscientemente querida de los "hijos de Israel" que se expresa por la afirmación de una comunidad de origen, y, de modo muy especial, por la afirmación de la intervención de Dios, que llamó a Abraham para hacerle "padre de una multitud". Las tradiciones del Génesis reivindican esta doble herencia: los "hijos" de Abraham son también - y San Pablo sacará todas las consecuencias - los "hijos de la fe de Abraham".

HISTORICIDAD DE LOS CAPITULOS 12-50 DEL GENESIS.

La historia patriarcal es una "historia de familia": reúne los relatos de: Abraham, Isaac, Jacob y José.

Es una historia popular: se detiene en anécdotas personales y en rasgos pintorescos sin ninguna preocupación por relacionar estas narraciones con la historia general.

Es una historia religiosa: los hechos se introducen, se explican y se agrupan en orden a demostrar una tesis religiosa: hay un Dios que ha formado a un pueblo " Israel" y le ha dado un país "Tierra Santa"; este Dios es Yahvé.

Pero estos relatos son históricos en el sentido de que, a su manera, narran acontecimientos reales, que dan una imagen fiel del origen y migraciones de los antepasados de Israel y de sus vínculos geográficos y étnicos, de su conducta moral y religiosa.

Lo que dice la Biblia concuerda en líneas generales con lo que los textos y la arqueología nos enseñan.

 

 


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