Ética cristiana y selección de
candidatos
¿Qué tipo de política debe apoyar un católico?, ¿en qué aspectos
debe fijarse a la hora de elegir a su candidato ideal? Rodrigo
Guerra López nos orienta en la visión política que debe sustentar un
católico.
Autor: Rodrigo Guerra López
Fuente: Arvo.net
Ética cristiana y selección de candidatos
No es extraño escuchar que los católicos comprometidos en
actividades sociopolíticas afirmen que «no hacen lo ideal sino lo
que pueden». Esto es parcialmente verdadero.
Los tiempos políticos se han adelantado en México. Los precandidatos
a la presidencia, a las gubernaturas y a municipios diversos
recorren nuestras comunidades con su mejor sonrisa tratando de
convencer que ellos son las opciones idóneas para nuestra sociedad.
En este contexto la conciencia de los cristianos no puede dejar de
sentirse interpelada. El cristiano es ciudadano. Seguir a Jesús es
indiscutiblemente una gracia que acontece en el corazón pero que no
debe quedar recluida en él. Los problemas de la comunidad son
también parte del itinerario que la fe debe iluminar y en la que la
misma fe debe incidir.
La «incidencia de la fe» en los desafíos sociales y políticos no es
meramente «inspiracional». No basta tener a Jesús y a la moralidad
derivada de su encuentro como un tema distante y más o menos ideal.
Es necesario entender que la persona concreta de Jesús exige de
manera igualmente concreta obligaciones precisas en los temas
fundamentales de la vida personal y comunitaria.
Ningún candidato es perfecto. Todos tienen deficiencias propias de
la condición humana. Sin embargo, es preciso que los cristianos como
sociedad y eventualmente como autoridades partidistas busquemos a
quienes con coherencia y más allá de las promesas de campaña han
mantenido fidelidad a valores fundamentales en los que no es posible
transigir. En efecto, el discernimiento cristiano de los candidatos
si bien versa sobre sus planes y proyectos, sobre su doctrina
política y sobre su efectividad probada en responsabilidades previas
requiere pasar por el momento delicado pero importante de la
coherencia personal en los temas y asuntos que más cercanos se
encuentran al respeto y promoción efectiva de la dignidad de la
persona humana y del bien común.
El Cardenal Joseph Ratzinger como Prefecto de la Congregación para
la Doctrina de la Fe publicó con autorización del Papa Juan Pablo II
el 24 de noviembre de 2002 el documento «Nota doctrinal sobre
algunas cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los
católicos en la vida política». En él se resumen algunas de las más
importantes indicaciones de la ética cristiana en estos asuntos. No
es un documento exhaustivo, sin embargo, es sin duda una guía básica
que permite entender que en política los católicos no debemos de
buscar fines buenos a través de medios malos. Más aún, que en
política los católicos estamos muy obligados a mostrar la primacía
del bien moral sobre la lógica del poder tanto en la elección de los
fines como en la decisión sobre los medios.
No ha sido extraño que en México como en otras partes del mundo
muchos católicos al participar en la vida pública piensen que el
«realismo político» es la norma principal que han de seguir. No es
extraño escuchar que los católicos comprometidos en actividades
sociopolíticas afirmen que «no hacen lo ideal sino lo que pueden».
Esto es parcialmente verdadero. La actividad política es
contingente, versa sobre situaciones sumamente diversas en las que
es menester tomar decisiones prudenciales. Sin embargo, en ninguna
situación los católicos podemos apoyar candidatos, partidos o
propuestas que lastimen o violenten bienes fundamentales: la
dignidad de la vida humana, la identidad esencial del varón y de la
mujer, el valor de la familia basada en el matrimonio monogámico y
heterosexual, etc. Dicho de otro modo: en la vida social y política
muchos males se tienen que tolerar al ser imposible extirparlos
todos de una vez. Sin embargo, los católicos al momento de elegir
candidatos tenemos que tener claro que existe un conjunto elemental
de mínimos de justicia en los que transigir se torna complicidad, se
torna mal moral explícito.
Jesús es misericordioso con la fragilidad humana. Pero la
misericordia evangélica no significa claudicar a la verdad, al bien,
a la justicia. Cuando el bien común está en juego sería tramposo
afirmar que la misericordia evangélica o la conciencia de la frágil
condición humana justifican al cristiano permitiéndole ceder en
aspectos fundamentales de su agenda ética al elegir candidatos o al
tener que apoyar determinadas políticas públicas. Joseph Ratzinger
sabedor de esta situación comenta en el documento antes señalado:
“La Iglesia es consciente de que la vía de la democracia, aunque sin
duda expresa mejor la participación directa de los ciudadanos en las
opciones políticas, sólo se hace posible en la medida en que se
funda sobre una recta concepción de la persona. Se trata de un
principio sobre el que los católicos no pueden admitir componendas,
pues de lo contrario se menoscabaría el testimonio de la fe
cristiana en el mundo y la unidad y coherencia interior de los
mismos fieles.” Es preciso decir esto debido a que “en
circunstancias recientes ha ocurrido que, incluso en el seno de
algunas asociaciones u organizaciones de inspiración católica, han
surgido orientaciones de apoyo a fuerzas y movimientos políticos que
han expresado posiciones contrarias a la enseñanza moral y social de
la Iglesia en cuestiones éticas fundamentales”.
En efecto, la subordinación existencial de la fe a los intereses del
poder eclipsa la mirada sobre lo real y distorsiona la capacidad de
interpretación de las exigencias morales aún más elementales. Muy
por el contrario recuperar la soberanía del bien y de la verdad al
elegir candidatos o partidos permite que las personas descubramos
con novedad el significado de la libertad en la vida política y
eventualmente también la misión que poseemos como testigos de Aquel
que no sólo es el más grande «Bien común» sino además (por su
Comunión) el modelo de toda la vida social.
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