Evangelizar la política
Adolfo Carreto
AVMradio.org
Está de moda eso de evangelizar la política. El Pontífice está
empeñado en ello. Los obispos también. Pero la política no quiere
evangelizarse. De ahí el roce.
La política es una de las actividades humanas que ocupa la mayor
parte del tiempo de los ciudadanos. No podría ser de otra manera. La
política es esa dimensión humana que se orienta a la ordenación y
desarrollo de la sociedad. En estos últimos tiempos los
profesionales de la política han proliferado en forma avasallante,
llegando a formar una rara especie humana perfectamente tipificada
en el mundo entero.
Cuando más aflora a la superficie social el "trabajo político" es en
períodos preelectorales, y es precisamente en esos momentos cuando
los intereses partidistas comienzan a dibujar un espectro contrario
que pone en duda la seriedad de tales profesionales.
Los obispos hondureños señalaron que "lo que más aparece al exterior
de un proceso electoral son los egoísmos, las ambiciones, ataques
personales...
Esto puede hacer creer a muchos que las elecciones son para
satisfacer las ambiciones económicas o de poder de algunos líderes",
lo que echaría por tierra el verdadero fin de un proceso electoral
democrático, el cual no puede apartarse del objetivo último, el bien
común.
Con este tópico del bien común parece quedar nublado el horizonte de
las generalidades. La Iglesia lo recuerda una vez más, tal y como lo
definió el Vaticano II. "El conjunto de las condiciones de la vida
social mediante las cuales el hombre puede conseguir con mayor
plenitud y facilidad su propia perfección". Es la aplicación de este
principio básico la que no aparece explicada a la hora de luchar
para conseguir el poder, pues no otra cosa es todo proceso
electoral: una planificada lucha, a veces demasiado encarnizada y
muy poco humanizada, para conseguir un poder desde el cual cumplir
luego unos objetivos.
Los obispos hondureños se han referido a la pérdida de legitimidad
del poder cuando éste no se orienta al bien común como objetivo
último. Esta doctrina de la "legitimidad, es hartamente concluyente,
y sobre ella deberían reflexionar todos aquellos quienes, más
directa, más indirectamente, enfocan sus esfuerzos por conseguir el
poder: a nivel más alto, a nivel medio e, inclusive, a nivel
inferior. Los políticos tienen otros intereses. Y esos "otros
intereses" son los que hacen dudar a los ciudadanos sobre el
ejercicio de su actividad. Cuando se está convencido que la mejor
inversión económica es la que se hace en la política, malo. |