Participar y Decidir el Bien Común en
la Justicia y la Paz
Si permanecen fieles a mi palabra, ustedes serán verdaderamente
mis discípulos; así conocerán la verdad y la verdad los hará libres
(Juan 8, 31-32).
Introducción
1. Ante la inminente jornada electoral del próximo mes de julio, los
Obispos, como Pastores de la Iglesia católica en México, caminando
con el pueblo y sensibles a las necesidades de bienestar espiritual
y material de nuestra sociedad, queremos impulsar a los creyentes a
que manifiesten su presencia en la vida pública del país -dentro del
saludable pluralismo que constituye el sustento de una auténtica
democracia-, y promover la participación de todos los ciudadanos en
este importante momento de la Nación.
Democracia y Verdad
2. “Una auténtica democracia es posible solamente en un Estado de
derecho y sobre la base de una recta concepción de la persona
humana”1.
3. La Doctrina Social de la Iglesia, advierte que el relativismo
moral es uno de los mayores riesgos para las democracias actuales,
pues induce a considerar inexistente un criterio objetivo y
universal para establecer el fundamento y la correcta jerarquía de
valores. “Si no existe una verdad última, la cual guía y orienta la
acción política, entonces, las ideas y las convicciones humanas
pueden ser instrumentalizadas fácilmente para fines de poder. Una
democracia sin valores se convierte con facilidad en un
totalitarismo visible o encubierto, como demuestra la historia”2.
4. “La democracia es fundamentalmente un “ordenamiento”, y como tal,
un instrumento y no un fin. Su carácter “moral” no es automático,
sino que depende de su conformidad con la ley moral a la que, como
cualquier otro comportamiento humano, debe someterse; esto es,
depende de la moralidad de los fines que persigue y de los medios de
que se sirve”3.
Hacia la consolidación de la Democracia
5. Durante la reciente visita que hicimos los obispos al Papa el
pasado mes de septiembre, el Santo Padre Benedicto XVI nos decía que
las elecciones de este año “representan una oportunidad y un desafío
para consolidar los significativos avances en la democratización del
País”. De todos los ciudadanos depende que este reto se convierta en
un mañana gozoso para nuestra Patria.
6. Nuestro país está en condiciones de consolidar la democracia,
fortalecer sus instituciones y dar un paso adelante en el logro de
las reformas estructurales que tanto se requieren para el auténtico
desarrollo de todos los mexicanos. Para esto es necesaria la
realización de las obligaciones ciudadanas: comparar las propuestas
de los candidatos y las plataformas políticas de los partidos para
luego participar conscientemente en las urnas.
7. Las instituciones electorales ciudadanas han entrado en una etapa
de madurez que ha hecho posible el respeto al voto y, por tanto, el
respeto a la dignidad de los votantes que quieren un México mejor
para las futuras generaciones. El Instituto Federal Electoral con
sus instancias es el regulador designado, y el Tribunal Federal
Electoral, la instancia de resolución de posibles conflictos. Su
responsabilidad el 2 de julio es básica para la serenidad y trabajo
común de los próximos años. Debemos promover que las instituciones
se fortalezcan; todos somos corresponsables de que actúen siempre
con equidad. Es importante que los ciudadanos exijan a los
candidatos el reconocimiento de los resultados oficiales; quienes no
hayan resultado electos, que muestren su madurez y amor por el país
colaborando con lealtad desde una oposición responsable.
8. De los candidatos necesitamos campañas propositivas; de los
partidos políticos, austeridad en los recursos económicos; de los
órganos electorales, imparcialidad; de los medios de comunicación,
verdad y equidad; de todos, respeto y colaboración con quienes
salgan electos, asumiendo lo positivo que se haya propuesto en la
campaña, sin que importe su procedencia.
9. Nuestro Pueblo anhela transitar de una democracia formal a una
auténtica democracia participativa, con soberanía suficiente para
negociar de tú a tú, con el resto de las naciones; anhela tener un
gobierno que garantice el respeto irrestricto a los derechos humanos
y tenga como prioridad el ejercicio de la justicia social; un
gobierno que se conduzca haciendo valer el estado de derecho y que
imparta justicia superando cualquier intento de corrupción; un
gobierno que someta la delincuencia dentro de los cauces de la
legalidad; nuestro Pueblo anhela un gobierno que se respete a sí
mismo y gane la autoridad moral ante el pueblo por buscar primero y,
ante todo, el bien común.
Participación ciudadana
10. Todo proceso electoral y democrático deberá desembocar en un
proyecto al Servicio de la Nación, y no de los intereses de los
Partidos y Grupos Políticos. Hay numerosas iniciativas y propuestas
de pactos y acuerdos que circulan hoy entre los mexicanos. Los
Obispos seguiremos insistiendo en que fortalecer la democracia es
reconstruir la confianza ciudadana y el tejido social, es promover y
organizar la sociedad para la participación política de todos los
sectores sociales en los distintos niveles de gobierno. Alentamos,
por ello, la construcción de un Acuerdo Nacional, en que
participemos los diversos sectores del país.
11. La democracia representativa quedaría trunca, si no se continúa
en una democracia participativa. Todos debemos participar, tanto en
esta etapa electoral, como después de la misma. Precisamente para
alentar el ejercicio de nuestra responsabilidad política y social,
hemos ideado y estamos ofreciendo el Taller “Participar y Decidir el
Bien Común en la Justicia y la Paz”, que ha sido muy bien recibido
por nuestra feligresía. Invitamos a quienes han cursado estos
talleres a aplicar sus conocimientos en la participación, a tomar
parte en actividades que fomenten una mejor democracia y a comunicar
a otros sus experiencias en el proceso.
12. Todo creyente tiene el deber inmediato e inexcusable de
colaborar en favor de un orden justo en la sociedad, configurar
rectamente la vida social y animar todas y cada una de las
actividades políticas que le corresponda viviéndolas “como caridad
social”. Debe hacer presente en nuestra cultura y, por tanto, en su
vida cotidiana los valores universales de la dignidad de la persona
humana, el respeto a los derechos humanos, la búsqueda del bien
común, el cuidado del medio ambiente, la verdad, la justicia, la
libertad, el amor, la solidaridad, la tolerancia y la paz. Sin estos
valores que, por cierto, tienen una profunda raigambre cristiana,
nuestra sobrevivencia y convivencia estarán en peligro.
13. Los Obispos recordamos a los fieles laicos que “de ningún modo
pueden abdicar de la participación en la ‘política’; es decir, en la
multiforme y variada acción económica, social, legislativa,
administrativa y cultural, destinada a promover orgánica e
institucionalmente el bien común. Su compromiso político es una
expresión cualificada y exigente del empeño cristiano al servicio de
los demás”4.
14. Apelamos a la conciencia de los jóvenes que ejercerán su voto,
muchos de ellos por primera vez, y los impulsamos a que formen parte
de agrupaciones políticas, educativas, sociales y humanitarias para
que con la generosidad, la solidaridad y el compromiso que les
caracteriza, inyecten a estas instancias una actitud de servicio a
todos, especialmente a los más necesitados.
Propuestas a los Candidatos
15. En primer lugar, esperamos que los candidatos y la candidata, no
se descalifiquen sin fundamento, ni se burlen unos de otros. Que
sepan dignificar responsablemente la contienda electoral. Es un
imperativo ético cuyo incumplimiento debilita a la sociedad en su
conjunto.
16. Además de presentarse con voluntad de servir y no de
beneficiarse del poder; deberán mostrar coherencia básica entre su
conducta y los principios morales necesarios para desempeñar su
misión. Confiamos que, de forma transparente e integral, los
candidatos presentarán al electorado su proyecto de gobierno, basado
en una valoración ética sobre el estilo de desarrollo y
estableciendo los problemas que nuestra sociedad debe solucionar y
los métodos para enfrentarlos.
17. Recordando la Doctrina Social de la Iglesia y las declaraciones
acerca de los derechos humanos, solicitamos claridad en sus
plataformas de pensamiento y que sean tomados en cuenta algunos
elementos para que, conjuntamente con los ciudadanos y las
instituciones, promuevan el progreso del país en:
a) El fortalecimiento y las condiciones de vida digna para las
familias y de educación para los hijos.
b) La promoción integral del empleo para terminar con la emigración
de nuestros connacionales, quienes emprenden un camino, a menudo sin
retorno, a los mercados laborales de Estados Unidos, buscando allá,
entre mil dificultades, lo que en su Patria no pudieron encontrar.
c) La promoción de la mujer para que encuentre plenos espacios de
participación en condiciones de igualdad con el varón, y para que se
supere toda forma de violencia hacia ella. Favorecer una legislación
para la mujer trabajadora, que le permita cumplir la misión, querida
por Dios, como portadora de la vida humana.
d) La integración de los indígenas, obreros y campesinos al
desarrollo humano y social del resto del país como miembros de pleno
derecho; pues la deuda histórica con ellos, en cuestión de justicia
y equidad, es enorme.
e) Que piensen en gobiernos incluyentes; que sean capaces de
dialogar sobre los puntos de coincidencia para llevar a cabo la
Reforma del Estado y apoyar políticas públicas que beneficien a los
más desprotegidos.
f) Que se impulse una economía al servicio de la sociedad y el
desarrollo humano, no una sociedad al servicio del mercado o de
grandes intereses particulares
g) Finalmente, que “el Estado no regule y domine todo, sino que,
generosamente, reconozca y apoye, de acuerdo con el principio de
subsidiaridad, las iniciativas que surgen de las diversas fuerzas
sociales y que unen la espontaneidad con la cercanía a los hombres
necesitados de auxilio”5.
Voto consciente
18. Hacemos un llamado a los fieles laicos y a toda la ciudadanía
para tomar conciencia de la importancia de votar con sensatez, de
participar en la vida pública y de acompañar, con responsabilidad y
vigilancia, a quienes elegiremos para gobernarnos.
19. Se vota para elegir una autoridad cuya acción “esté siempre al
servicio de la promoción integral de la persona y del bien común”6 .
Por ello debemos clarificar en el momento de decidir a quién o a
quiénes otorgamos el voto, buscando el bien común y las condiciones
básicas de justicia y libertad que demanda el pueblo de México.
20. La conciencia cristiana bien formada ejerce el voto de modo que
la realización de un programa político o la aprobación de una ley
particular sean coherentes con la fe y la moral y no dañen el bien
de las personas y las instituciones. Frente a ambos aspectos, es
necesaria una formación del criterio y una reflexión profunda, ya
que ni en las elecciones ni en ningún otro aspecto de la vida
pública, podemos prescindir de las exigencias éticas fundamentales e
irrenunciables de la fe, pues “los creyentes deben saber que está en
juego la esencia del orden moral, que concierne al bien integral de
la persona”7.
21. De esto surge también el perfil idóneo de quienes ocuparán la
presidencia del país y las diferentes responsabilidades en los
cuerpos legislativos. El análisis del currículum personal de los
candidatos es a menudo un instrumento importante para llevar a cabo
este discernimiento.
a) Coherencia. ¿Cómo ha sido la vida del candidato (a)? ¿Qué
relaciones hay entre sus dichos y sus hechos? ¿Está preparado para
gobernar una nación con 103 millones de habitantes? ¿Conoce nuestra
historia, nuestra identidad?
b) Capacidad de diálogo. ¿Está el candidato (a) abierto (a) al
diálogo? ¿Sabe escuchar o impone sus condiciones? ¿Es transparente?
¿Rinde cuentas del dinero público que financia su campaña? ¿Toma a
la sociedad mexicana como una aliada o como un escalón para sus
intereses de grupo?
c) Conocimiento social y económico. La postración en la que se
encuentran millones de familias mexicanas, particularmente los
indígenas y los trabajadores del campo, hace necesaria una
renovación de la vida integral de nuestra sociedad, una mejor
distribución de la riqueza y un aliento decisivo a la creación de
empleos dignos. ¿Está el candidato (a) capacitado (a) para ello?
¿Tiene la sensibilidad de entender la situación de los pobres y, al
mismo tiempo, la técnica suficiente para hacer un servicio eficaz en
su promoción y en su desarrollo humano integral?
d) Experiencia política. ¿Los programas de los partidos, y sobre
todo, sus experiencias de gobierno reflejan el cumplimiento de
normas de justicia, honradez, eficacia, fomento de la solidaridad,
promoción de la participación?
e) Amor y defensa de la vida humana. ¿Está el candidato (a)
comprometido (a) en defender los valores de la vida desde su inicio
hasta su término natural; la familia, fundada en la unión estable de
un hombre y una mujer; la libertad de empresa; la propiedad privada
y comunal; la promoción de la justicia y la paz; el orden público;
la colaboración entre los diferentes grupos sociales y el
reconocimiento de las iniciativas de la sociedad civil?
f) Reconocimiento y colaboración con las Iglesias. ¿Tiene claro que
la libertad religiosa es más que la libertad de culto, y que es un
derecho humano fundamental? ¿Impulsaría una reforma constitucional
para alcanzar la libertad religiosa en nuestro país?
Conclusión
22. Invitamos a la oración por México y sus gobernantes para que la
fe y la confianza en la Providencia divina nos conduzcan a la
serenidad, la reflexión y al voto razonado y crítico.
23. Hagamos del proceso electoral una fiesta, buscando el bien del
País y la Unidad de México. Por ello, exhortamos a toda la
ciudadanía a superar los sentimientos y pasiones partidistas,
propios de la contienda electoral, y ubicar las elecciones como un
proceso de competencia y selección donde al final aceptemos los
resultados oficiales, reconozcamos al ganador, y nos dispongamos
todos a colaborar con el nuevo gobierno para beneficio de la
sociedad.
24. Por nuestra parte, quien resulte electo en la contienda, contará
con nuestro respeto y nuestra colaboración en todo aquello en lo que
éticamente sea posible, así como con nuestra disposición al diálogo
permanente y apartidista.
25. Encomendamos estas elecciones y a todos nuestros gobernantes a
nuestra Madre de Guadalupe, y le pedimos que interceda por nuestro
pueblo en la construcción de una Patria mejor, recordando que este
año es el 475 aniversario de haberse manifestado como Madre de
nuestro pueblo.
Por los obispos de México,
+ José Guadalupe Martín Rábago
Obispo de León
Presidente de la CEM
+ Carlos Aguiar Retes
Obispo de Texcoco
Secretario General de la CEM |