Juan Pablo II, Venerado Anciano
Por José Ignacio Ibáñez R.
Desde hace varios años han circulado
rumores de la supuesta "necesaria renuncia" del Papa Juan Pablo
II, ya que, según han afirmado esas voces, él está completamente
acabado. Lo cierto es que su incansable vitalidad, no sólo no ha
disminuido, sino que ha encontrado nuevas variantes de actividad
apostólica, continuando con una impresionante agenda de viajes, incluido
el último realizado a fines de septiembre del 2001 a Kazajistán,
república casi vecina de Afganistán, no importándole su seguridad
personal ante el inminente ataque armado de los Estados Unidos a este
último país.
Quienes han creído en la "conveniencia" de
que el Papa deje el pontificado, no entienden la dimensión espiritual de
la Iglesia Católica, ni el papel que los creyentes sabemos que Dios le
encomienda a los sucesores de San Pedro. Esas voces de mal agüero han
tenido cada año una sorpresa, gracias a la espiritualidad y empuje de
Juan Pablo II.
Los que formamos la Iglesia, buscando la unión que
Cristo mandó; "que todos sean uno, Como tú, Padre, en mí y yo
en ti, que ellos sean uno en nosotros" (Juan 17, 21), sabemos que
el Santo Padre no es un miembro cualquiera de nuestra Iglesia, ni siquiera
el obispo más importante, sino mucho más, es el representante de Cristo
en la tierra, su Vicario, encargado de guiar, unida y con seguridad, la
barca de la Iglesia.
Los Católicos tenemos fe en las palabras de Cristo; "Las
puertas del infierno no prevalecerán contra ella (La Iglesia)"
(Mateo 16, 18). Estamos seguros que el Santo Padre, mientras el Señor lo
mantenga con vida, contará con la ayuda del Espíritu Santo a fin de
guiar, de la mejor manera, a nuestra Iglesia.
Juan Pablo II no sólo ha sido el líder más
carismático y respetado de los últimos tiempos, sino que continúa
teniendo la admiración y confianza, no sólo de católicos, sino de
muchos otros grupos, religiosos o no. Él ha pasado de ser un enérgico y
vital papa a un líder mundial indiscutible por su integridad a toda
prueba, un venerado anciano lleno de sabiduría, con una lucidez y
autoridad moral de primer orden.
Hace días inventaron que el Papa está tan anciano que
ya no camina por los corredores del Vaticano, sino que lo hace en una
silla eléctrica. Sabemos, de fuente cierta, que Juan Pablo II sigue
caminando y no existe tal silla ¡Los que se preocupan por dañar su
figura ya no encuentran qué mentiras publicar! Pero si amamos a la
Iglesia y al Papa no debemos preocuparnos por ese tipo de rumores.
Aún si fuese cierto que el Papa utilizase una silla
eléctrica para moverse, los católicos sabemos que quien lo sostiene no
es la tecnología humana, sino la gracia de Dios que, con su Espíritu
Santo, dirige la Iglesia. No tenemos por qué inquietarnos respecto de la
salud del Santo Padre, sino debemos orar a Dios para que le siga
sosteniendo en pro del bien de la Iglesia y del mundo, hasta que Él
decida llevárselo. Entonces, desde el Cielo, la influencia e intercesión
de Juan Pablo II, será todavía mayor.
¡Bendice Señor a tu siervo, nuestro queridísimo Papa
Juan Pablo II!
¡Que la luz de tu Espíritu Santo siga guiando sus
pasos de venerado anciano!
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