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Bioética, Eutanasia y Dignidad de la Persona
Marco Antonio Gracia Triñaque
Diplomado en Bioética
Miembro Fundador de Bioética y Desarrollo Humano ONG, A.C.
Director del Centro Local Guerrero de Educadores Integrales, I.A.P.
Estimado lector, en artículos pasados, hemos
centrado nuestra atención sobre el aborto, que atenta en las
primeras etapas de desarrollo del ser humano contra su derecho a la
vida. Hoy vamos a reflexionar sobre otra forma de matar que, se
enfoca principalmente, en las últimas etapas de la vida,
concretamente en ancianos, enfermos terminales, personas con
discapacidades, etc.
Conviene comenzar este artículo explicando el
término de "eutanasia" y su verdadero significado. Etimológicamente
esta palabra proviene del griego eu thánatos = "buena
muerte" o "muerte dulce"; pero de manera específica podemos decir
que la eutanasia es procurar la muerte sin dolor de aquellos que
sufren. Esto deja parámetros muy amplios de acción que van desde
asesinar a un niño que va a nacer con alguna discapacidad hasta la
colaboración en el suicidio de alguien que sufre, desde la
eliminación del anciano (visto ya como un estorbo) hasta la
abstención del tratamiento para no alargar una agonía sin esperanza
del enfermo terminal.
El juramento hipocrático nos dice: "Jamás
proporcionaré a persona alguna un remedio mortal, si me lo pidiese,
ni haré sugestión alguna en tal sentido; tampoco suministraré a
mujer alguna un remedio abortivo. Viviré y ejerceré mi arte en
santidad y pureza" (siglo V a.C.). Esto nos puede llevar a
preguntarnos: ¿ha perdido la sociedad esa actitud de respeto ante la
vida y la muerte?, ¿por qué se exalta la dignidad humana y en los
hechos se le denigra?. Por consecuencia, hay que recordar que los
médicos nunca deben provocar la muerte, la medicina no tiene
esa función aunque alguna ley lo permitiera o fuera solicitado por
el paciente, su familia o un comité de cuidados hospitalarios, ya
que, la eutanasia lleva a un ser humano a dar muerte a otro
consciente y libremente, independientemente de las razones que lo
motiven a hacerlo. Esto nos lleva a definir la eutanasia como:
causar la muerte de otro con o sin su consentimiento para
evitarle dolores físicos o padecimientos de otro tipo considerados
insoportables. Por tal motivo, la eutanasia representa
siempre una forma de homicidio, pues implica que un hombre da muerte
a otro; así mismo destruye el núcleo mismo de la profesión médica.
De esta definición podemos sacar los siguientes
presupuestos:
La intención de quien practica la eutanasia
tiene como objeto buscado, la muerte. Vemos entonces que, la
eutanasia no es la aplicación de un tratamiento necesario
para aliviar el dolor aunque se acorte la expectativa de
vida del paciente como efecto secundario no querido.
La eutanasia puede realizarse por acción
(administrar sustancias tóxicas mortales) o por omisión
(negar la asistencia médica debida).
En la eutanasia se busca la muerte de otro,
no la propia.
También es necesario afirmar que, hoy en día, la
medicina no se opone al cese del tratamiento cuando sólo sirve para
prolongar la muerte, ni al uso de ciertas medidas para aliviar el
sufrimiento, aunque tengan como inevitable consecuencia abreviar la
vida. Como dice el Código de Deontología Médica: "El médico está
obligado a poner los medios preventivos y terapéuticos necesarios
para conservar la vida del enfermo y aliviar sus sufrimientos. No
provocará nunca la muerte deliberadamente, ni por propia decisión,
ni cuando el enfermo, la familia, o ambos, lo soliciten, ni por
otras exigencias [...] En caso de enfermedad terminal, el médico
debe evitar emprender acciones terapéuticas sin esperanza cuando
haya la evidencia de que estas medidas no pueden modificar la
irreversibilidad del proceso que conduce a la muerte. Debe evitarse
toda obstinación terapéutica inútil. El médico favorecerá y velará
por el derecho a una muerte acorde con el respeto a los valores de
la condición humana" (Cap. XVII, Art. 116 y 117); por tal
motivo, la muerte deliberada nunca podrá ser considerada como un
remedio médico de ninguna situación clínica. En otras palabras, la
eutanasia es una actividad que no congenia con el propio ser de la
medicina; mas bien todo lo contrario: la medicina está al servicio
de la vida y la eutanasia al servicio de la muerte. La
Declaración sobre la Eutanasia, promulgada en 1987 por la
Asociación Médica Mundial dice: "La eutanasia, es decir, el acto
deliberado de dar fin a la vida de un paciente, ya sea por su propio
requerimiento o a petición de sus familiares, es contraria a la
ética".
La Comisión Central de Deontología de España en su
Declaración sobre la Eutanasia de 1989 dice: "En los
medios de opinión se emplean con frecuencia las expresiones -ayudar
a morir- o -muerte digna-. Tales expresiones son confusas, pues,
aunque tienen una apariencia aceptable, esconden con frecuencia
actitudes contrarias a la ética médica y tienden a borrar la
frontera que debe separar la asistencia médica al moribundo de la
eutanasia. La asistencia médica al moribundo es uno de los más
importantes y nobles deberes profesionales del médico, mientras que
la eutanasia es la destrucción deliberada de una vida humana que,
aunque se realizara a petición de la víctima o por motivos de piedad
en el que la ejecutara, no deja de ser un crimen que repugna
profundamente a la vocación médica sincera"
Desde que se legalizó la eutanasia en Holanda -nos
dice el Dr. J.C. Willke- lo que comenzó aplicándose sólo en casos
extraordinarios, se ha transformado en rutina. Veinte mil de las 130
mil personas que mueren cada año en ese país son matadas o ayudadas
a morir por médicos. ¡La mitad de las mismas no pidió morir!. Estas
incluyen ahora recién nacidos cuya calidad de vida se considera
deficiente y adultos (e incluso adolescentes) depresivos en buenas
condiciones físicas.
El Dr. Karel Gunning, holandés, cita varios casos
documentados sobre la eutanasia en Holanda, entre ellos los
siguientes: "Conozco a un oncólogo que trataba a una paciente con
cáncer en el pulmón. Sufrió una crisis respiratoria que hizo
necesaria la hospitalización. La paciente se rebela: -no quiero la
eutanasia-, imploraba. El médico le aseguró que no; la acompañó el
mismo a la clínica; la vigiló. Tras 36 horas, la paciente respira
normalmente, las condiciones generales mejoraron. El médico se fue a
dormir. A la mañana siguiente, no encontró a la enferma en su cama:
un colega había "acabado" con ella porque faltaban camas libres".
En otro caso, "es de un anciano hospitalizado de agonía. El hijo
pide a los médicos que -aceleren el proceso-, de modo que el funeral
del padre pueda tener lugar antes de su viaje de vacaciones al
extranjero que ya tenía reservado".
Entre los que están a favor de la eutanasia se dan
primero unos presupuestos que buscan justificar la eutanasia para
después proceder a su legalización, entre estos tenemos:
Hablan del derecho a la vida pero sujeto a
cierta calidad de vida, por lo que, para los afectados por
enfermedades o lesiones incurables muy dolorosas, es
necesario reconocer, frente al derecho a vivir, un derecho a
morir sin dolor, para evitar la vida indigna sujeta a un
dolor irresistible. En tal caso hay que entender que el
"derecho a morir" tiene preferencia sobre el derecho a
vivir.
Cada uno puede disponer de su propia vida en
el uso de su libertad y autonomía individual.
Por tal motivo, la eutanasia, lejos de
fomentar el suicidio/homicidio, es un acto de compasión para
con el moribundo, el enfermo o lesionado, por tal motivo es
un acto de suprema caridad, una obra de misericordia
cumplida con el paciente.
Veamos, en relación a esto, como funcionan las
campañas de defensa de la eutanasia:
Siempre se comienza presentando un caso
límite, una situación terminal llamativa que excite la
sensibilidad colectiva para justificar la eutanasia en este
caso dramático y singular. Se admite un caso y así,
tomándolo como modelo, se pueden "arreglar" otros. Se habla
de "arreglar un problema", no se usa jamás el término "matar
a un ser humano". Suele presentarse a un hombre del que se
dice que se encuentra en vida vegetativa, pero esta
afirmación no es real; su vida sigue siendo humana, siente,
oye y vive como hombre, no es un vegetal.
Se llena la opinión pública de eufemismos
que aprovechan muy bien la dificultad conceptual y
terminológica para distraer el punto de atención sobre la
realidad del asunto (que es matar a un ser humano) y
superficialmente se simplifican los juicios con términos
como: "ayudar a morir", "facilitar la culminación de la
vida", "liberación del enfermo", etc.
Se presenta a los defensores de la vida como
retrógrados, intransigentes, contrarios a la libertad y al
progreso. Así se distrae el debate y no se escuchan con
serenidad y ecuanimidad las opiniones a favor de la dignidad
del ser humano pues ya están diseminados los prejuicios en
las mentes de la opinión pública.
Se hacen encuestas de opinión sobre la
ciudadanía, los enfermos de SIDA, los de cáncer, los
médicos, etc. Estas encuestas son poco fiables pues hay
mucha imprecisión terminológica, muchos componentes
emocionales que se ponen en juego, etc. Es famoso el caso de
la encuesta realizada en Barcelona donde se decía que el 90%
de los médicos de la ciudad estaban a favor de la eutanasia,
pero viendo los cuestionarios, en verdad estaban en contra
del "ensañamiento terapéutico". En el fondo hay un hábil
manejo de la terminología para "orientar" los resultados.
Creen que es el único camino apto para conseguir ese
objetivo, evitando los dolores y sufrimientos terminales sin ninguna
esperanza de salvación. Esa muerte tranquila y serena, en la que
tantos sueñan, sería la consecuencia más benéfica y positiva de la
eutanasia. No aplicarla en esas condiciones lamentables y dolorosas
parecería más bien como un gesto de sadismo inhumanitario.
Visto de esta manera, hasta parece loable, el matar
a un paciente, y no se dan cuenta de la imprecisión y vaguedad de
sus expresiones que no hacen sino confundir a la sociedad alegando
un "derecho a morir" que se contrapone al "derecho a vivir". Es
decir, no puedo hablar de un derecho a vivir sin un deber de vivir,
conservando la propia vida y llevándola a una muerte digna y
natural, por tanto, contrario al supuesto "derecho a morir" que me
lleva a destruir la vida a como de lugar, ya sea porque "no hay
camas libres" o porque "tengo reservadas las vacaciones" como
veíamos en los párrafos anteriores. Debemos recordar que "la
vocación del médico se ha entendido siempre como un servicio a favor
de la vida; si se admitiese legalmente la eutanasia, se convertiría,
en determinados casos, en un -agente de muerte-, cuya misión es
utilizar sus conocimientos para poner fin a la vida del enfermo"
Como hemos visto, el proceso de acelerar
conscientemente la muerte de un paciente se llama eutanasia. El
proceso inverso, ilícito de igual manera, se llama distanasia
y consiste en retrasar el advenimiento de la muerte todo lo posible,
por todos los medios, proporcionados o no, aunque no haya esperanza
de curación y aunque eso signifique unos grandes sufrimientos
añadidos para el enfermo. También se llama "ensañamiento
terapéutico" o "encarnizamiento terapéutico". En contraposición
existe lo que llamamos ortostanasia, situación en donde se
respeta la dignidad de la persona al morir con medios
proporcionados. Literalmente significa morir rectamente, el modo
ideal de morir, o sea, "ayudar a morir al enfermo sin practicarle
la eutanasia ni la distanasia. Prestándole los auxilios clínicos
específicos y el amor humano hasta que la naturaleza dice basta sin
ser intencionadamente precipitada ni brutalmente retardada.
La ortostanasia es un deber moral de todo médico,
pues de acuerdo a su función asistencial, debe curar, aliviar
y consolar de manera privilegiada al paciente que se
encuentre en estado terminal a través de:
Acompañamiento: El médico no debe dejar
de atender al enfermo con toda solicitud aún cuando no se
pueda curar.
Información: La muerte es un hecho
trascendente que afecta a la persona y a su entorno
(familia, amistades, etc.). Se podría decir que uno tiene
"derecho a vivir su propia muerte", es decir, necesita la
información adecuada y necesaria sobre su situación y
enfermedad para que pueda prepararse a bien morir.
Atención espiritual y social: El médico
debe ofrecer la posibilidad de recibir la asistencia
espiritual que desee y la posibilidad de atender
obligaciones morales graves (otorgar testamento, etc) antes
de recurrir a medicamentos que puedan privarle de la
conciencia.
Tratamientos paliativos: Son aquellos
que se administran para hacer más soportables los efectos de
la enfermedad y especialmente eliminar el dolor y la
ansiedad.
Cuidados mínimos: Son aquellos que se
deben a toda persona por el hecho de serlo, por lo que nunca
pueden abandonarse, ya que corresponden a la consideración
debida a la dignidad de la persona humana:
-
Alimentación
-
Hidratación
-
Cuidados higiénicos
En base a estas acciones, podemos decir que, es
necesario reclamar "derecho a vivir con dignidad hasta el momento de
la muerte" en lugar de, un "derecho a una muerte digna" que la
eutanasia no proporciona.
El médico debe hacer TODO lo posible. Hacer SOLO lo
posible. Hacerlo LO MEJOR posible.
Aquellos cuya vida se encuentra disminuida o
debilitada tienen derecho a un respeto especial. Las personas
enfermas o disminuidas deben ser atendidas para que lleven una vida
tan normal como sea posible.
Cualesquiera que sean los motivos y los medios, la
eutanasia directa consiste en poner fin a la vida de personas
disminuidas, enfermas o moribundas, por lo que es moralmente
inaceptable. Por tanto, una acción u omisión con la intención de
provocar la muerte para suprimir el dolor, constituye un homicidio
gravemente contrario a la dignidad de la persona humana.
La interrupción de tratamientos médicos onerosos,
peligrosos, extraordinarios o desproporcionados a los resultados
puede ser legítima. Interrumpir estos tratamientos es rechazar el
"ensañamiento terapéutico". Con esto no se pretende provocar la
muerte; se acepta no poder impedirla.
Aunque la muerte se considere inminente, los
cuidados ordinarios debidos a una persona enferma no pueden ser
legítimamente interrumpidos. El uso de analgésicos para aliviar los
sufrimientos del moribundo, incluso con riesgo de abreviar sus días,
puede ser moralmente conforme a la dignidad humana si la muerte no
es pretendida, ni como fin ni como medio, sino solamente prevista y
tolerada como inevitable. Los cuidados paliativos constituyen una
forma privilegiada de la caridad desinteresada por lo que deben ser
alentados.
El Estado no puede atribuirse el derecho de
legalizar la eutanasia pues la vida del inocente es un bien que
supera el poder de disponer de ella tanto por parte del individuo
como del Estado (nadie se da a sí mismo la vida).
Concluimos este recorrido diciendo que, nada ni
nadie puede autorizar el dar muerte a un ser humano inocente sea
feto o embrión, niño o adulto, anciano, enfermo incurable o
agonizante. Nadie, además, puede solicitar ese gesto homicida para
sí mismo o para otro del que sea responsable, ni puede consentir en
él. Se trata en efecto, de una ofensa a la dignidad de la persona
humana, de un crimen contra la vida, de un atentado contra la
humanidad.
Como diría el escritor Jean Rostand: no hay
ninguna vida, por muy degradada, deteriorada, rebajada o empobrecida
que esté, que no merezca respeto ni que se la defienda con denuedo.
Tengo la debilidad de pensar que el honor de una sociedad radica en
asumir, en aceptar el oneroso lujo que supone para ella la carga de
los incurables, los inútiles, los incapaces; yo mediría su grado de
civilización por el esfuerzo y la vigilancia a que se obliga por
mero respeto a la vida.
Bibliografía consultada:
López Azpitarte, Eduardo. Etica y Vida,
desafíos actuales. San Pablo, Madrid, 1990
Mauro Marsich, Dr. Humberto. Sexualidad,
Amor y Bioética. Ediciones Xaverianas, México, 1998
Blázquez, Niceto. Bioética, la nueva
ciencia de la vida. BAC, Madrid, 2000
AAVV, Temas Actuales de Bioética.
Porrúa. México, 1999
www.vidahumana.org
www.catholic.net
www.encuentra.com
www.churchforum.org
www.zenit.org
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