Valores fundamentales de la familia
Padre Cipriano Sánchez, L.C.
“No hay temor en el amor; sino que el amor perfecto expulsa el
temor, porque el temor mira el castigo; quien teme no ha llegado a
la plenitud del amor. Nosotros amemos, porque Él nos amó primero.” 1
Jn 4, 18-19
Hoy, más que nunca, es necesario construir “La Civilización del
Amor” que no puede tener mejores cimientos que dentro de la
estructura familiar. La civilización es siempre una expresión del
hombre; y el amor, la demostración de un hombre pleno.
A la familia le corresponde, entonces, construir la civilización del
amor, es decir, una cultura impregnada de valores, que le permita al
hombre desarrollarse integralmente y que pueda permear a otros
ambientes.
Solamente cuando la familia vive en la verdad, vive también su
dignidad de transmisora de amor, generosidad, respeto, comunicación,
fidelidad, obediencia, responsabilidad, sinceridad, honestidad,
entre muchos otros.
Obediencia a aceptar con prontitud los ejemplos del comportamiento
humano, los contratiempos, el dolor. Responsabilidad de dar
testimonio a los hijos y conducirlos con amor y firmeza, permitiendo
que afronten las consecuencias de sus acciones. Responsabilidad de
los hijos para con los padres, de responder con generosidad.
Dar cosas materiales es relativamente fácil. Lo difícil es dar la
vida, es darse. Dar un pedazo de mi ser, una partícula de mi
espíritu, el desgaste de mi cuerpo, el tesoro de mi tiempo, la
vibración de mis sentimientos, el sentido entero de mi vida, toda mi
existencia: construir el corazón de los demás con los pedazos de mi
corazón.
Jamás permitir que dentro de la familia, se rompa la comunicación;
fomentar la confianza, abrir canales para que cada hijo pueda decir
lo que siente o piensa sin temor a ser reprendido o juzgado. Uno de
los primeros problemas que ha tenido el hombre desde que es hombre
es el de no saber comunicarse de manera adecuada y esto separa en
lugar de unir. Por lo tanto, es necesario trabajar y esforzarse para
que dentro de la familia haya constantemente una sana comunicación.
En cuanto a la fidelidad, es necesario que cada integrante de la
familia sea fiel a la palabra dada y leal a sí mismo, ya que esto
engrandece su dignidad de persona.
Es preciso que la familia actual sea valiente para ir muchas veces
contra corriente. Y esto se podrá llevar a cabo en la medida en que
esté unida, que esté fortalecida en los valores humanos y cristianos
y que tenga como principal socio a Jesucristo, el mejor maestro.
Es indispensable que la familia esté abierta a la vida, cortando de
raíz esta mentalidad hedonista que se está filtrando cada día más
dentro de las familias, incluso de las familias cristianas. La
verdad no puede ser medida por la opinión de la mayoría. Reconocer a
Dios como único Señor de la vida y de la muerte de las personas
humanas.
Vivir en plenitud, es vivir los valores morales y humanos dentro de
la familia y luchar día a día para que no queden erradicados, sino
multiplicados, enseñados y aprendidos por cada uno de los seres que
habitan el planeta Tierra.
Sólo así podrá ser posible vivir la delicia de construir una
“Civilización del Amor” en los albores del Siglo XXI.
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