| La Iglesia es infalible cuando enseña las
verdades reveladas o las relacionadas con estas,
necesarias para la comprensión, custodia y defensa de la
misma revelación. Las
"fuentes de la revelación" son la SAGRADA
ESCRITURA y la TRADICION.(Del verbo latino
"tradere", transmisión oral de una doctrina,
noticia o costumbre de las generaciones pasadas hasta
hoy). TRADICION, para nosotros católicos, es "el
conjunto de verdades reveladas que miran a la fe y
costumbres y que no se contienen en la Sagrada Escritura,
sino que las transmite Dios oralmente a su Iglesia".
La Sagrada Escritura y la Tradición contienen las
verdades reveladas pero, la Sagrada Escritura las hace
llegar a nosotros por medio de un "libro
inspirado", y la Tradición se sirve de la
"predicación oral".
La Tradición escrita
está contenida en libros de carácter humano, fuera de
la Sagrada Escritura.
Por razón del
"autor" la Tradición puede ser:
- Divina o
divino-apostólica (verdades que Cristo y el
Espíritu Santo revelaron a los apóstoles y
estos a sus sucesores hasta llegar a nosotros).
- Eclesiástica
(disposiciones prácticas tomadas por los
apóstoles por propia iniciativa).
Por razón del
"contenido u objeto" que se transmite, la
Tradición puede ser:
- Dogmática (si se
trata de una verdad de fe).
- Moral (si es sobre
alguna norma referente al culto y disciplina).
Con relación a la Sagrada
Escritura la Tradición puede ser:
- Constitutiva (cuando
nos permite conocer una verdad que no se contiene
en la Sagrada Escritura).
- Interpretativa
(cuando expone una verdad clara u obscuramente
contenida en los libros santos).
El Concilio de Trento (s.
XVI) admite como fuentes de la revelación a la Sagrada
Escritura y a la Tradición, atribuyéndoles el mismo
valor. (Los protestantes sólo admiten la Sagrada
Escritura).
En los primeros años del
cristianismo la Tradición oral fue la única forma de
conocer la revelación porque consta históricamente que
Jesús ni escribió un libro para transmitirnos la propia
revelación ni ordenó hacerlo a los apóstoles; sólo se
preocupó de predicar. Los apóstoles, por lo tanto,
estaban convencidos que su deber se centraba en la
predicación del Evangelio, no en escribirlo.
Los Evangelistas y algunos
apóstoles escribieron después por otros motivos; a
saber:
- Mateo, para dejar un
recuerdo a los hebreos antes de partir a otras
tierras a evangelizar.
- Marcos, para
conservar por escrito la predicación de Pedro.
- Lucas, para dejarnos
la predicación de Pablo y para corregir errores
de algunos autores mal informados.
- Juan, para combatir
las primeras herejías.
- Pablo, presuponiendo
la predicación, en sus cartas sólo esclarece
algún punto, tapa alguna laguna, o inculca una
doctrina particular.
Poseemos además el
testimonio de los Padres de la Iglesia para afirmar el
principio que la Tradición interpreta la Escritura. Las
afirmaciones de mayor interés son:
- San Ireneo, obispo de
Lión, hace una apología de la Tradición al
refutar la herejía gnóstica.
- Tertuliano (160-222).
En su "De praescriptione haereticorum"
hace este razonamiento: "Si queremos conocer
la verdadera doctrina de Cristo y de los
apóstoles, no hay otra vía que la de estudiar
la fe de las iglesias de origen apostólico"
(c. 21).
- El Papa Esteban
(254-257), que afirmó la validez del bautismo
administrado por los herejes fundándose en la
Tradición ( Obras de San Cipriano, carta 74).
- San Agustín afirma
que la única razón para creer en los evangelios
es la autoridad de la Iglesia (Contra Epist. Man.
5, 6).
- San Vicente de Lerins
más tarde fijará la regla de la Tradición en
el principio de que la Iglesia Católica tiene el
poder supremo y que sus enseñanzas deben ser
aceptadas por todos (Commonitorium, 2).
La Tradición precede a la
Escritura y la garantiza, ya que esta funda todo su valor
en el hecho de proceder de Dios por inspiración y esto
sólo se puede probar por la Tradición, al igual del
canon de los libros inspirados y la extensión de la
inspiración.
La Tradición es más
amplia que la Escritura. Las dos transmiten lo que
proviene de la palabra de Dios; proceden de una misma
fuente y son los dos canales por lo que nos llega el
contenido de la Revelación. Por tanto entre Escritura y
Tradición hay una íntima relación.
El Concilio Vaticano II
insiste en ello de modo particular:
"Surgiendo ambas de
la misma fuente, se funden en cierto modo y tienden a un
mismo fin. Ya que la Sagrada Escritura es la palabra de
Dios en cuanto se consigna por escrito bajo la
inspiración del Espíritu Santo, y la Sagrada Tradición
transmite íntegramente a los sucesores de los apóstoles
la palabra de Dios a ellos confiada por Cristo Señor y
por el Espíritu Santo para que, con la luz del Espíritu
de la verdad la guarden fielmente, la expongan y la
difundan con su predicación; de donde se sigue que la
Iglesia no deriva solamente de la Sagrada Escritura su
certeza acerca de todas las verdades reveladas. Por eso
se han de recibir y venerar ambas con un mismo espíritu
de piedad" (Sobre La Divina Revelación, n. 9).
La Tradición y el
Magisterio de la Iglesia son inseparables, ya que el
Magisterio no es otra cosa que la puesta en práctica de
la Tradición. Jesús encargó a sus discípulos enseñar
las verdades reveladas hasta el fin del mundo. Por tanto
la revelación pasa de boca en boca, de un maestro a
otro. El magisterio actual de la Iglesia es el último
portavoz al que ha llegado la postrer
"Traditio" de la verdad revelada.
Los "documentos de la
Tradición" son las obras de las generaciones
pasadas en las que se expresa la fe de la Iglesia. Estos
documentos pueden ser cosas (pinturas, esculturas, vasos
sagrados, ornamentos, etc.); escritos (actas de
concilios, libros litúrgicos, obras de Padres y
Teólogos, etc.); instituciones (leyes, ritos, fiestas
religiosas, etc.). Se suele distinguir a estos documentos
en primarios y secundarios.
Documentos primarios:
- Las definiciones
solemnes de los concilios ecuménicos y de los
sumos pontífices donde la fe de la Iglesia en
una determinada verdad se afirma de manera clara
y definitiva. Ejemplos:
- Divinidad de
Cristo, Concilio de Nicea (325).
- Maternidad
divina de María, Concilio de Éfeso
(431).
- Infalibilidad
del Papa, Vaticano I (1870).
- Asunción de
la Virgen al cielo, Noviembre 1, 1950.
- Los "símbolos
de la fe", breves síntesis de las
principales verdades reveladas, aprobadas por la
Iglesia y recitados por los fieles en público y
en privado. El Símbolo de los Apóstoles y el
Símbolo Atanasiano que se rezan en el breviario;
y el Símbolo Niceno-constantinopolitano que se
dice en la Misa, son los tres más importantes.
- Las "profesiones
de fe" impuestas por la Iglesia a los fieles
como reacción a determinados errores. Recordamos
entre estas la Profesión de Fe Tridentina de
Pío IV en 1564 y el Juramento Antimodernista de
Pío X en 1910.
- Actas del magisterio
ordinario que siempre son ejemplo de la fe de la
Iglesia (encíclicas, alocuciones, cartas, bulas
pontificias, decretos, escritos de los obispos,
etc.).
Documentos secundarios:
- Los escritos de los
Padres de la Iglesia que desarrollaron la vida de
la Iglesia en sus primeros años. Para ser
considerados Padres de la Iglesia deben tener
estas características: antigüedad, santidad de
vida, doctrina ortodoxa y aprobación
eclesiástica. Esta época dura hasta el año 636
(muerte de San Isidro de Sevilla) para los Padres
latinos y el año 749 (muerte de San Juan
Damasceno) para los griegos. Para que un
argumento patrístico se considere de tradición
divino-apostólica debe poseer las siguientes
peculiaridades:
- Unanimidad de
pensamiento de los Padres en materia de
fe y moral único objeto de la
Tradición.
- Presentación
de las enseñanzas como reveladas y no
como opiniones particulares.
- Aprobación
de la Iglesia, quien da autoridad a los
Padres.
- El consentimiento de
los teólogos, que, bajo la dirección del
magisterio, estudian las verdades reveladas y
difunden su conocimiento. Esta compenetración
del pensamiento de los teólogos y el magisterio
de la Iglesia lo ratifica Pío XII en la
"Humani Generis". Pasada la época
patrística los teólogos han ocupado el puesto
de los Padres, siendo una autoridad muy
particular entre ellos Santo Tomás de Aquino.
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