Tened entre vosoDios: todo espíritu que confiesa a Jesucristo, venido en carne,
es de Dios" (1 Jn 4, 2). Esa es la alegre convicción de la Iglesia desde
sus comienzos cuando canta "el gran misterio de la piedad": "El
ha sido manifestado en la carne" (1 Tm 3, 16).
III Verdadero
Dios y verdadero hombre
464 El acontecimiento único y totalmente singular de
la Encarnación del Hijo de Dios no significa que Jesucristo sea en parte Dios
y en parte hombre, ni que sea el resultado de una mezcla confusa entre lo
divino y lo humano. El se hizo verdaderamente hombre sin dejar de ser
verdaderamente Dios. Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre. La
Iglesia debió defender y aclarar esta verdad de fe durante los primeros
siglos frente a unas herejías que la falseaban.
465 Las primeras herejías negaron menos la divinidad
de Jesucristo que su humanidad verdadera (docetismo gnóstico). Desde la
época apostólica la fe cristiana insistió en la verdadera encarnación del
Hijo de Dios, "venido en la carne" (cf. 1 Jn 4, 2-3; 2 Jn 7). Pero
desde el siglo III, la Iglesia tuvo que afirmar frente a Pablo de Samosata, en
un concilio reunido en Antioquía, que Jesucristo es hijo de Dios por
naturaleza y no por adopción. El primer concilio ecuménico de Nicea, en el
año 325, confesó en su Credo que el Hijo de Dios es "engendrado, no
creado, de la misma substancia ['homoousios'] que el Padre" y condenó a
Arrio que afirmaba que "el Hijo de Dios salió de la nada" (DS 130)
y que sería "de una substancia distinta de la del Padre" (DS 126).
466 La herejía nestoriana veía en Cristo una persona
humana junto a la persona divina del Hijo de Dios. Frente a ella S. Cirilo de
Alejandría y el tercer concilio ecuménico reunido en Efeso, en el año 431,
confesaron que "el Verbo, al unirse en su persona a una carne animada por
un alma racional, se hizo hombre" (DS 250). La humanidad de Cristo no
tiene más sujeto que la persona divina del Hijo de Dios que la ha asumido y
hecho suya desde su concepción. Por eso el concilio de Efeso proclamó en el
año 431 que María llegó a ser con toda verdad Madre de Dios mediante la
concepción humana del Hijo de Dios en su seno: "Madre de Dios, no porque
el Verbo de Dios haya tomado de ella su naturaleza divina, sino porque es de
ella, de quien tiene el cuerpo sagrado dotado de un alma racional, unido a la
persona del Verbo, de quien se dice que el Verbo nació según la carne"
(DS 251).
467 Los monofisitas afirmaban que la naturaleza humana
había dejado de existir como tal en Cristo al ser asumida por su persona
divina de Hijo de Dios. Enfrentado a esta herejía, el cuarto concilio
ecuménico, en Calcedonia, confesó en el año 451:
Siguiendo, pues, a los Santos Padres, enseñamos unánimemente
que hay que confesar a un solo y mismo Hijo y Señor nuestro Jesucristo:
perfecto en la divinidad, y perfecto en la humanidad; verdaderamente Dios y
verdaderamente hombre compuesto de alma racional y cuerpo; consustancial con
el Padre según la divinidad, y consustancial con nosotros según la
humanidad, `en todo semejante a nosotros, excepto en el pecado' (Hb 4, 15);
nacido del Padre antes de todos los siglos según la divinidad; y por nosotros
y por nuestra salvación, nacido en los últimos tiempos de la Virgen María,
la Madre de Dios, según la humanidad.
Se ha de reconocer a un solo y mismo Cristo Señor, Hijo
único en dos naturalezas, sin confusión, sin cambio, sin división, sin
separación. La diferencia de naturalezas de ningún modo queda suprimida por
su unión, sino que quedan a salvo las propiedades de cada una de las
naturalezas y confluyen en un solo sujeto y en una sola persona (DS 301-302).
468 Después del concilio de Calcedonia, algunos
concibieron la naturaleza humana de Cristo como una especie de sujeto
personal. Contra éstos, el quinto concilio ecuménico, en Constantinopla el
año 553 confesó a propósito de Cristo: "No hay más que una sola
hipóstasis [o persona], que es nuestro Señor Jesucristo, uno de la
Trinidad" (DS 424). Por tanto, todo en la humanidad de Jesucristo
debe ser atribuído a su persona divina como a su propio sujeto (cf. ya Cc.
Efeso: DS 255), no solamente los milagros sino también los sufrimientos (cf.
DS 424) y la misma muerte: "El que ha sido crucificado en la carne,
nuestro Señor Jesucristo, es verdadero Dios, Señor de la gloria y uno de la
santísima Trinidad" (DS 432).
469 La Iglesia confiesa así que Jesús es
inseparablemente verdadero Dios y verdadero hombre. El es verdaderamente el
Hijo de Dios que se ha hecho hombre, nuestro hermano, y eso sin dejar de ser
Dios, nuestro Señor:
"Id quod fuit remansit et quod non fuit assumpsit"
("Permaneció en lo que era y asumió lo que no era"), canta la
liturgia romana (LH, antífona de laudes del primero de enero; cf. S. León
Magno, serm. 21, 2-3). Y la liturgia de S. Juan Crisóstomo proclama y canta:
"Oh Hijo Unico y Verbo de Dios, siendo inmortal te has dignado por
nuestra salvación encarnarte en la santa Madre de Dios, y siempre Virgen
María, sin mutación te has hecho hombre, y has sido crucificado. Oh Cristo
Dios, que por tu muerte has aplastado la muerte, que eres Uno de la Santa
Trinidad, glorificado con el Padre y el Santo Espíritu, sálvanos! (Tropario
"O monoghenis").
IV Cómo es
hombre el Hijo de Dios
470 Puesto que en la unión misteriosa de la
Encarnación "la naturaleza humana ha sido asumida, no absorbida"
(GS 22, 2), la Iglesia ha llegado a confesar con el correr de los siglos, la
plena realidad del alma humana, con sus operaciones de inteligencia y de
voluntad, y del cuerpo humano de Cristo. Pero paralelamente, ha tenido que
recordar en cada ocasión que la naturaleza humana de Cristo pertenece
propiamente a la persona divina del Hijo de Dios que la ha asumido. Todo lo
que es y hace en ella pertenece a "uno de la Trinidad". El Hijo de
Dios comunica, pues, a su humanidad su propio modo personal de existir en la
Trinidad. Así, en su alma como en su cuerpo, Cristo expresa humanamente las
costumbres divinas de la Trinidad (cf. Jn 14, 9-10):
El Hijo de Dios... trabajó con manos de hombre, pensó con
inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de
hombre. Nacido de la Virgen María, se hizo verdaderamente uno de nosotros, en
todo semejante a nosotros, excepto en el pecado (GS 22, 2).
El alma y el conocimiento humano de Cristo
471 Apolinar de Laodicea afirmaba que en Cristo el
Verbo había sustituído al alma o al espíritu. Contra este error la Iglesia
confesó que el Hijo eterno asumió también un alma racional humana (cf. DS
149).
472 Este alma humana que el Hijo de Dios asumió está
dotada de un verdadero conocimiento humano. Como tal, éste no podía ser de
por sí ilimitado: se desenvolvía en las condiciones históricas de su
existencia en el espacio y en el tiempo. Por eso el Hijo de Dios, al hacerse
hombre, quiso progresar "en sabiduría, en estatura y en gracia" (Lc
2, 52) e igualmente adquirir aquello que en la condición humana se adquiere
de manera experimental (cf. Mc 6, 38; 8, 27; Jn 11, 34; etc.). Eso ...
correspondía a la realidad de su anonadamiento voluntario en "la
condición de esclavo" (Flp 2, 7).
473 Pero, al mismo tiempo, este conocimiento
verdaderamente humano del Hijo de Dios expresaba la vida divina de su persona
(cf. S. Gregorio Magno, ep 10,39: DS 475). "La naturaleza humana del Hijo
de Dios, no por ella m isma sino por su unión con el Verbo, conocía y
manifestaba en ella todo lo que conviene a Dios" (S. Máximo el Confesor,
qu. dub. 66 ). Esto sucede ante todo en lo que se refiere al conocimiento
íntimo e inmediato que el Hijo de Dios hecho hombre tiene de su Padre (cf. Mc
14, 36; Mt 11, 27; Jn 1, 18; 8, 55; etc.). El Hijo, en su conocimiento humano,
demostraba también la penetración divina que tenía de los pensamientos
secretos del corazón de los hombres (cf Mc 2, 8; Jn 2, 25; 6, 61; etc.).
474 Debido a su unión con la Sabiduría divina en la
persona del Verbo encarnado, el conocimiento humano de Cristo gozaba en
plenitud de la ciencia de los designios eternos que había venido a revelar
(cf. Mc 8,31; 9,31; 10, 33-34; 14,18-20. 26-30). Lo que reconoce ignorar en
este campo (cf. Mc 13,32), declara en otro lugar no tener misión de revelarlo
(cf. Hch 1, 7).
La voluntad humana de Cristo
475 De manera paralela, la Iglesia confesó en el sexto
concilio ecuménico (Cc. de Constantinopla III en el año 681) que Cristo
posee dos voluntades y dos operaciones naturales, divinas y humanas, no
opuestas, sino cooperantes, de forma que el Verbo hecho carne, en su
obediencia al Padre, ha querido humanamente todo lo que ha decidido
divinamente con el Padre y el Espíritu Santo para nuestra salvación (cf. DS
556-559). La voluntad humana de Cristo "sigue a su voluntad divina sin
hacerle resistencia ni oposición, sino todo lo contrario estando subordinada
a esta voluntad omnipotente" (DS 556).
El verdadero cuerpo de Cristo
476 Como el Verbo se hizo carne asumiendo una verdadera
humanidad, el cuerpo de Cristo era limitado (cf. Cc. de Letrán en el año
649: DS 504). Por eso se puede "pintar la faz humana de Jesús (Ga 3,2).
El séptimo Concilio ecuménico (Cc. de Nicea II, en el año 787: DS 600-603)
la Iglesia reconoció que es legítima su representación en imágenes
sagradas.
477 Al mismo tiempo, la Iglesia siempre ha admitido
que, en el cuerpo de Jesús, Dios "que era invisible en su naturaleza se
hace visible" (Prefacio de Navidad). En efecto, las particularidades
individuales del cuerpo de Cristo expresan la persona divina del Hijo de Dios.
El ha hecho suyos los rasgos de su propio cuerpo humano hasta el punto de que,
pintados en una imagen sagrada, pueden ser venerados porque el creyente que
venera su imagen, "venera a la persona representada en ella" (Cc.
Nicea II: DS 601).
El Corazón del Verbo encarnado
478 Jesús, durante su vida, su agonía y su pasión
nos ha conocido y amado a todos y a cada uno de nosotros y se ha entregado por
cada uno de nosotros: "El Hijo de Dios me amó y se entregó a sí mismo
por mí" (Ga 2, 20). Nos ha amado a todos con un corazón humano. Por
esta razón, el sagrado Corazón de Jesús, traspasado por nuestros pecados y
para nuestra salvación (cf. Jn 19, 34), "es considerado como el
principal indicador y símbolo...del amor con que el divino Redentor ama
continuamente al eterno Padre y a todos los hombres" (Pio XII,
Enc."Haurietis aquas": DS 3924; cf. DS 3812).
Resumen
479 En el momento establecido por Dios, el Hijo
único del Padre, la Palabra eterna, es decir, el Verbo e Imagen substancial
del Padre, se hizo carne: sin perder la naturaleza divina asumió la
naturaleza humana.
480 Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre
en la unidad de su Persona divina; por esta razón él es el único Mediador
entre Dios y los hombres.
481 Jesucristo posee dos naturalezas, la divina y la
humana, no confundidas, sino unidas en la única Persona del Hijo de Dios.
482 Cristo, siendo verdadero Dios y verdadero
hombre, tien e una inteligencia y una voluntad humanas, perfectamente de
acuerdo y sometidas a su inteligencia y a su voluntad divinas que tiene en
común con el Padre y el Espíritu Santo.
483 La encarnación es, pues, el misterio de la
admirable unión de la naturaleza divina y de la naturaleza humana en la
única Persona del Verbo.