Los castigos que recaen sobre los herejes están expuestos en el
mismo Código:
"Todos los que apostatan la fe cristiana, todos los herejes y
cismáticos y cada uno de ellos:
1) Incurren por el hecho mismo en la excomunión.
2) Si no se arrepienten después de una advertencia, serán privados de todos los
beneficios, dignidades, pensiones, oficios u otros cargos que tuvieran en la Iglesia.
Serán declarados infames, y los clérigos, después de una segunda amonestación
canónica, son, por sólo este hecho, tachados de infamia, etc.; los clérigos, después
de una segunda amonestación canónica sin ningún resultado, serán degradados".
La absolución a los herejes provoca dificultades por razón del
rito. El Código resume brevemente las disposiciones de la disciplina canónica: "La
absolución de la excomunión está reservada de una manera especial a la Sede
apostólica...El pecador así absuelto puede después recibir el perdón de su pecado de
un confesor cualquiera. La abjuración está considerada como jurídicamente hecha cuando
tiene lugar ante el ordinario del lugar o su delegado y por lo menos ante dos
testigos".
Grande es la diferencia entre herejía, que es una recusación de la
doctrina católica, y el cisma, que es una rebelión contra la unidad de la Iglesia.
San Pedro describe ya la herejía con los caracteres que se le
atribuyen hoy en día:
"Herejías de perdición por las cuales la voz de la verdad
será blasfemada y se pervertirán muchos hombres. Consiste en una perversión de
doctrinas; esta perversión de la doctrina implica en el fondo la negación de la
divinidad del Salvador.
Toda doctrina opuesta a la verdadera fe constituye en sí una
infidelidad, pero toda infidelidad positiva no es una herejía. Santo Tomás explica que
la herejía, siendo elección en la doctrina, se refiere no al mismo fin de la fe, sino al
medio propuesto para alcanzar este fin.
Aparecieron en el siglo I en oriente afirmando que Jesús tenía
sólo un cuerpo aparente.
A fines del siglo primero ya hubo algunos herejes judaizantes,
Cerinto y los ebionistas (del hebreo pobres, también llamados "nazarenos" a
causa de su ideal de vida pobre), que tomando como base un rígido monoteísmo
unipersonal, negaron la divinidad de Cristo.
Los ebionistas se extendieron desde Persia hasta Siria.
Utilizaban un evangelio especial, llamado "evangelio de los
hebreos", sobre cuya identidad precisa discuten en la actualidad los estudiosos.
La herejía de los ebionistas (pobres que empobrecían la figura de
Cristo), afirmaba que Cristo no es Dios, sino un simple hombre; las corrientes más
modera oriente afirmando que Jesús tenía
sólo un cuerpo aparente.
A fines del siglo primero ya hubo algunos herejes judaizantes,
Cerinto y los ebionistas (del hebreo pobres, también llamados "nazarenos" a
causa de su ideal de vida pobre), que tomando como base un rígido monoteísmo
unipersonal, negaron la divinidad de Cristo.
Los ebionistas se extendieron desde Persia hasta Siria.
Utilizaban un evangelio especial, llamado "evangelio de los
hebreos", sobre cuya identidad precisa discuten en la actualidad los estudiosos.
La herejía de los ebionistas (pobres que empobrecían la figura de
Cristo), afirmaba que Cristo no es Dios, sino un simple hombre; las corrientes más
moderadas, en cambio, admitían también su origen divino.
Característica de esta secta era una antipatía hacia San Pablo,
considerado traidor al hebraísmo; cosa natural en ellos pues San Pablo había proclamado
la ineficacia de la ley mosaica más abiertamente que todos los demás apóstoles.
La doctrina de los ebionistas sufrió muy pronto, influencias de
otras doctrinas heréticas, que confluyeron sobre ella y le aportaron modificaciones
substanciales, de modo especial el "gnosticismo".
Así, por ejemplo, el hereje Cerinto (que actuó en Asia Menor a
fines del siglo primero y de quien nos habla San Irineo y San Hipólito) era defensor de
las prácticas judaicas, pero enseñaba también que el mundo no es obra de Dios, sino de
un demiurgo: idea netamente contraria a la concepción de Dios creador y de evidente
origen gnóstico.
Además, en su doctrina acerca de Cristo aceptaba también ideas
propias de los docetas, término que deriva del verbo griego dokein, que significa
parecer, afirmando que Jesús era simple hombre; cuando recibió el bautismo de Juan,
había descendido sobre El, según esta teoría, una Virtud Divina, llamada precisamente
Cristo, que le confirió la extraordinaria facultad de poder realizar milagros. Esta
virtud abandonó a Jesús justamente en el momento de su Pasión y muerte.
En el ambiente judeocristiano se desarrolló también la secta de
los mandeos, gnósticos o sabios, que, si bien no ha reclutado muchos seguidores, sin
embargo, sobrevive actualmente en la Mesopotamia meridional.
La doctrina de esta secta es heterogénea en sus elementos y se vale
de la fantasía en sus elaboraciones.
Su característica principal es el dualismo: la realidad deriva de
dos principios, que se encuentran en el origen de todas las cosas, el dios masculino y el
dios femenino.
Su teoría sobre Cristo, es prácticamente la misma que la de los
gnósticos.
Esta teoría fue una grave amenaza para la Iglesia, se impuso
especialmente entre los siglos I y III, su período de máximo esplendor es en el siglo
II.
Gnosticismo del griego gnosis, o sea, conocimiento, se debe a que
los miembros de este movimiento afirmaban la existencia de un tipo de conocimiento
especial, superior al de los creyentes ordinarios y, en cierto sentido, superior a la
misma fe. Este conocimiento podía conducir a la salvación por sí solo.
El gnosticismo cree en la posibilidad de ascender a una esfera
oculta por medio de los conocimientos de verdades filosóficas o religiosas; sólo una
minoría selecta puede acceder a ellas. Se trata de una mística secreta acerca de la
salvación. Eligieron sistemas de pensamientos en el que unían doctrinas judías o
paganas con la revelación y dogmas cristianos. Caen en el dualismo en que identifican el
mal con la materia, la carne o las pasiones y el bien con una sustancia pneumática o
espíritu.
A fines del siglo II, la herejía, conocida con el nombre de
monoarquismo, enseñó que en Dios no hay más que una persona.
Según la explicación concreta que de acerca de Jesucristo, se
divide en dos tendencias:
a) Monarquianismo dinamístico o adopcionista.
Enseña que Cristo es puro hombre, aunque nacido sobrenaturalmente
de la Virgen María por obra del Espíritu Santo; en el bautismo le dotó Dios de
particular poder divino y le adoptó como hijo.
Los principales propugnadores de esta herejía fueron Teódoto el
Curtidor, de Bizancio, que la transplantó a Roma hacia el año 190 y fue excomulgado por
el Papa Víctor I (189-198); Pablo de Samosata, obispo de Antioquía, a quien un Sínodo
de Antioquía destituyó como hereje el año 268, y el obispo Fotino de Sirmio, depuesto
el año 351 por el sínodo de Sirmio.
b) Monarquianismo modalístico (llamado también patripasianismo).
Esta doctrina mantiene la verdadera divinidad de Cristo, pero
enseña al mismo tiempo la unipersonalidad de Dios explicando que fue el Padre quien se
hizo hombre en Jesucristo y sufrió por nosotros.
Los principales propugnadores de esta herejía fueron Noeto de
Esmirna, contra el cual escribió Hipólito; Praxeas, de Asia Menor, combatido por
Tertuliano; Sabelio aplicó también esta doctrina errónea al Espíritu Santo enseñando
que en Dios hay una sola hipóstasis y tres <<prósopa>> ( máscara de teatro,
papel de una función), conforme a los tres modos distintos con que se ha manifestado la
divinidad. En la creación se revela el Dios unipersonal como Padre, en la redención como
Hijo, y en la obra de la santificación como Espíritu Santo. El Papa San Calixto
(217-222) excomulgó a Sabelio.
La herejía fue combatida de forma poco afortunada por el Obispo de
Alejandría, Dionisio Magno (hacia 247-264) y condenada de manera autoritaria por el papa
San Dionisio (259-268).
Manes y sus seguidores profesan el dualismo persa: Todo procede de
dos principios contrarios: el de la luz (Ormuz) y el de las tinieblas (Ahrimán). Ellos
también defienden en el siglo II la separación del bien representado por Dios y el mal
que viene del pecado.
En el dualismo existen dos principios en lucha: bien y mal,
espíritu y materia, alma y cuerpo. Según Manes que nació en Persia hacia el año 217,
estos principios son irreductibles.
Es un rebrote del maniqueísmo, se interesaban por la austeridad,
pureza y pobreza. Menospreciaban a la jerarquía eclesiástica, tenían fuertes
penitencias para sobreponerse al mal; a estos también se les llama albigenses, son
dualistas.
A mediados del siglo II Montano opinaba que el cristianismo se
estaba convirtiendo en algo fácil y mundano y que era necesario volver al cristianismo
primitivo. Esta idea alcanzó gran prestigio en Frigia y Asia Menor. Montano condenó
acciones como las segundas nupcias, el huir de la persecución, el servicio militar en el
ejercito imperial, el asistir a los juegos del anfiteatro. Era un rigorista quien además
pedía fuertes ayunos. También predijo el retorno inminente del Mesías. Esta línea de
austeridad y predicciones
Tomó su nombre de Arrio, nacido en la segunda mitad del siglo III,
en Libia. Arrio aparece en la historia de Alejandría, donde el Obispo Pedro, que poco
tiempo después le excomulga, lo ordena diácono en el año 308. Al morir el obispo, Arrio
se reconcilia con su sucesor, Aquilas, y recibe la ordenación sacerdotal; se le envía a
regir una importante parroquia, y allí ha de explicar las Sagradas Escrituras. Arrio
empieza a propagar errores: si el Padre ha engendrado al Hijo, el ser del Hijo tiene un
principio; ha habido, por lo tanto, un tiempo en que El no existía. Al sostener esta
teoría, negaba la eternidad del Verbo, lo cual equivale a negar su divinidad. Admitía la
existencia de Dios que era único, eterno e incomunicable; el Verbo, Cristo, no es Dios,
es pura criatura aunque más excelente que todas las otras. Y, aunque centró toda su
enseñanza en despojar de la divinidad a Jesucristo involucró también al Espíritu
Santo, que igualmente era una criatura e inferior al Verbo.
En el año 320, el Obispo de Alejandría convoca un sínodo que
reúne más de cien obispos de Egipto y Libia, y en el se excomulga a Arrio y a sus
partidarios, ya numerosos. Las doctrinas de Arrio desembocan en esta conclusión: el Hijo
no es igual al Padre y es totalmente desigual en su naturaleza y propiedades.
El 20 de mayo del 325 D.C., se convocó el Concilio de Nicea, el
primero de los Ecuménicos, en el que asistió Constantino, el primer emperador cristiano;
318 obispos se reunieron en Nicea, que sirvió de base al Credo que se recita en la Santa
Misa. La finalidad de este texto fue concretar el Símbolo de Cesárea: "Creemos en
un solo Dios, todopoderoso...y en Jesucristo, Hijo de Dios, el Unico engendrado del Padre,
esto es, de la substancia del Padre, Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios
verdadero, engendrado y no hecho, consubstancial al Padre..." El Concilio de Nicea
terminó el año 325 con el destierro de Arrio. También se condenaron sus escritos.
Esta herejía con todas sus ramificaciones se le considera como la
que más prosélitos atrajo a su causa en todo el primer milenio, numerosos obispos
cayeron en sus redes. Todavía en el Oriente Medio y Norte de Africa se hallan grupos de
cristianos-arrianos.
Como vemos en esa argumentación el misterio de la Santísima
Trinidad, el más profundo de nuestra fe, quedaba totalmente destruído. Estas
afirmaciones ocasionaron muchas graves divisiones.
A mediados del siglo cuarto los arrianos seguían obstinados a pesar
de haber desaparecido su líder. La atención teológica se centró en el Espíritu Santo
y el protagonista en esta ocasión fue Macedonio; si Arrio era sacerdote, Macedonio era
nada menos que el patriarca de Constantinopla, que es como decir el segundo después del
Papa.
Macedonio admitía la divinidad del Verbo pero la negaba en el
Espíritu Santo, decía que era una criatura de Dios, una especie de superministro de
todas las gracias y superior a todas las jerarquías angélicas.
También esta teoría destruía la trinidad de personas en Dios.
Se reunió el Concilio en el año 38l y declaró explícitamente que
el Espíritu Santo era Dios igual al Padre y al Hijo como recitamos en el Credo:
"Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo
que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria". Se completó el
Credo que por esta razón se le llama Niceno-constantinopolitano, por haberse
confeccionado en los dos primeros concilios.
En la misma época surgió otra herejía relacionada con el Verbo,
Jesucristo; ésta era capitaneada por Apolinar, obispo de Laodicea, él sostenía que: En
Cristo se daban dos naturalezas, la divina y la humana y una sola persona; lo cual es
correcto; pero, añadía que la naturaleza humana era incompleta, le faltaba el alma, y en
este caso el Verbo hacía las veces del alma.
El mismo concilio condenó este error juntamente con otros menores
que se presentaron a discusión y estableció las bases seguras de la doctrina católica
sobre estas materias.
Ocupan un lugar intermedio entre los arrianos rígidos (anomeos) y
los defensores del Concilio de Nicea (homousianos). Enseñan que el Logos es semejante al
Padre o en todo semejante a El, o semejante a la esencia, de ahí que se les denominase
homousianos.
La secta de los pneumatómacos (enemigos del Espíritu Santo),
nacida del semiarrianismo y cuya fundación se atribuye, desde fines del siglo IV,
probablemente sin razón, al obispo semiarriano Macedonio de Constantinopla, depuesto en
el 336, extendió el subordinacionismo al Espíritu Santo, enseñando, en referencia a
Hebr. 1,14: "¿No son todos ellos espíritus administradores, enviados para servicio
en favor de los que han de heredar la salud?", que era una criatura y un ser
espiritual subordinado como los ángeles.
Defendieron la divinidad del Espíritu Santo y su consustancialidad
con el Padre, contra los seguidores de esta herejía, San Atanasio, los tres capadocios:
San Basilio, San Gregorio Nacianceno y San Gregorio Niseno y Dídimo de Alejandría. Esta
herejía fue condenada por un sínodo de Alejandría (362) bajo la presidencia de San
Atanasio, por el segundo Concilio de Constantinopla (381) y por un sínodo romano (382)
presidido por el Papa Dámaso. El concilio de Constantinopla añadió un importante
artículo al símbolo de Nicea, en el que se afirma la divinidad del Espíritu Santo.
La herejía de Nestorio, 428, patriarca de Constantinopla, hacia el
451 en el destierro.
a) el hijo de la Virgen María es distinto del Hijo de Dios.
Análogamente a como hay dos naturalezas en Cristo, es menester admitir también que
existen en El dos sujetos o personas distintas.
b) estas dos personas están vinculadas entre sí por una simple
unidad accidental o moral. El hombre Cristo no es Dios, sino portador de Dios. Por la
encarnación no se ha hecho hombre propiamente el Logos-Dios, sino que ha pasado a morar
en el hombre Jesucristo, de manera parecida a como Dios habita en los justos.
c) Las propiedades humanas (nacimiento, pasión, muerte) tan sólo
se pueden predicar del hombre Cristo; las propiedades divinas (creación, omnipotencia,
eternidad) únicamente se pueden enunciar del Logos-Dios, se niega por tanto, la
comunicación de idiomas.
d) En consecuencia, no es posible dar a María el título de
"Madre de Dios" que se le venía concediendo habitualmente desde Orígenes. Ella
no es más que "Madre del Hombre" o "Madre de Cristo".
e) La idea fundamental de la dualidad de sujetos en Cristo aparece
también en la doctrina confirmacionista, propia de los antioquenos, según la cual el
nombre Cristo habría merecido ser honrado y acatado como Dios por su obediencia en
someterse a los dolores de la pasión.
Otra de las grandes herejías de este tiempo fue el Nestorianismo,
llamado así por el también patriarca de Constantinopla, Nestorio. Se planteó el
problema de las dos naturalezas en Cristo, que si eran completas debían responder
también a dos personas y unidas de una manera accidental.
Un presbítero, partidario de Nestorio, dijo en un sermón al
pueblo, que a María no se le podía llamar madre de Dios sino sólo madre de Cristo, por
ser madre de la naturaleza y persona humana; todo ello produjo un gran escándalo en el
pueblo cristiano que la tenía realmente como Madre de Dios.
La discusión y división en bandos opuestos alcanzó grandes
proporciones entre los teólogos y se acordó la convocatoria de un concilio en la ciudad
de Efeso, en la actual Turquía, en el año 43l, en el mismo país de los dos anteriores.
Por fin se aclaró la doctrina sobre este misterio: en Jesucristo se
dan dos naturalezas unidas en una forma especial y misteriosa que lleva el nombre de
Unión Hipostática; las dos naturalezas, la divina y la humana conforman una sola
persona, que no es mitad y mitad sino sólo divina. Con respecto a María viene a ser
madre de la persona, esta persona es Dios, luego María es Madre de Dios.
En los siglos IV y V los teólogos, muchos de ellos santos y
distinguidos con el título de Padres de la Iglesia, tuvieron que abordar y clarificar en
lo posible, esos misterios de nuestra Fe, los cuales no pudieron ser estudiados y
definidos por los Papas en los siglos anteriores por causa de las persecuciones.
A lo largo de los siglos, la Iglesia ha tenido que hacer frente a
muchas herejías que se han suscitado en diferentes lugares y países, algunas se
eclipsaron en poco tiempo y otras han sido más consistentes pero dentro de un área
limitada y de poca resonancia en la vida de la Iglesia. En cuanto al Cisma Oriental y al
Protestantismo se desarrollan en temas separados.
Profesó el error opuesto, a saber, que en Cristo no había sino una
sola naturaleza, porque la naturaleza humana había sido absorbida por la divina, como el
océano absorbe una gota de agua. Esta herejía conocida como monofismo fue condenada por
el Concilio de Calcedonia 451 A.C.
Secta herética fundada por Valdo en Lyón en el último cuarto del
siglo XII, probablemente en 1176.
Su fundador quiso predicar, pero su incapacidad motivó la
prohibición de Roma. Valdo hace caso omiso de este veto y la Santa Sede lo excomulga.
Entonces, el y sus discípulos caen en la herejía. Negaban los
sacramentos, excepto el de la Eucaristía, y rechazaban la autoridad de la Iglesia.
Querían reproducir el sistema de vida Apostólico y acusaban de corrupción a la Iglesia.
A la Edad Media se la ha llamado "La Edad de la Fe", en
especial la que se encierra entre los siglos X al XV. En el transcurso de esos quinientos
años sí puede afirmarse que la sociedad cristiana occidental llegó al cenit en
ambientación religiosa, considerándolo en el conjunto de todos los estratos sociales y
ello en relación con los cinco siglos anteriores como también en los posteriores hasta
nuestros días. Esto en un hecho histórico indiscutible.
"Durante estos siglos de exuberancia de vida religiosa,
pulularon y se desarrollaron una serie de herejías sumamente peligrosas, en las que so
capa de mayor perfección, se atacaban los fundamentos mismos de la Iglesia y aún de la
sociedad civil.
Naturalmente, por parte de la Iglesia y de los príncipes
cristianos, se tomaron medidas contra estas herejías peligrosas. Se emprendió una guerra
en toda forma, de la que fue alma Inocencio III; pero sobre todo, lo que sintetiza las
medidas tomadas contra estas herejías, fue la Inquisición.
Mirada en conjunto la Inquisición medieval fue uno de los efectos
del sentimiento cristiano del siglo XIII. Pero la ocasión inmediata fueron las herejías
de los cátaros, valdenses y albigenses, que amenazaban con sus prácticas disolventes a
los Estados cristianos."
"Las primeras disposiciones de los Concilios y de los
Pontífices contra los herejes establecieron penas más suaves que las ya existentes de
los príncipes seculares. La pena de muerte para los herejes obstinados y recalcitrantes
la decretó en una ley el emperador Federico II en el año de l224, aduciendo estas
razones: el orden público y el ser la herejía un crimen de esa majestad. Esta última
razón había de jugar un papel importante en toda la legislación antiherética."
"Entonces, pues, ante un modo de pensar tan general en toda la
Cristiandad, el Papa Gregorio IX en el año de l231 aceptó para toda la Iglesia la ley
imperial de l245. Para la ejecución de estas nuevas normas el Papa empleó los medios
existentes, nombrando legados especiales para ello y urgiendo a los Ordinarios (Obispos).
Pero esto no bastaba. Entonces se erigió el tribunal de la Inquisición encargando de su
administración a la Orden Dominicana."
"Las normas que se seguían en la persecución de los herejes
eran todas las disposiciones existentes y aprobadas canónicamente y las que con el tiempo
fueron dando los Romanos Pontífices.
Es cierto que se cometieron excesos de parte de algunos tribunales o
inquisidores particulares, pero también se realizaron actos de verdadero heroísmo y en
todo caso los principios en que se basaba la Inquisición eran entonces universalmente
admitidos por los teólogos y canonistas".
Incluso los llamados ateos sienten y manifiestan alguna vez
vivencias religiosas. Plutarco, el gran historiador griego dejó consignado este elocuente
mensaje: "Encontraréis pueblos sin tradiciones, ciudades sin murallas, sin leyes
escritas, sin moneda vigente; pero pueblos sin culto religioso, sin sacerdotes, sin
sacrificios, no los hallaréis.
Desde hace unos años contemplamos por nuestras calles, plazas,
vehículos de transporte, etc. a personas con vestidos llamativos de distinto signo
religioso que tratan de atraer a su causa a quiénes les prestan atención. Vivimos,
ciertamente, una gran floración de sectas y movimientos espiritualistas que tratan de
impresionarnos.