¡Que Padre!
Siempre Fiel
El
sábado es el día del tianguis por la vía del tren. Yo iba serpenteando por
el gentío buscando un puesto de flores y saludaba a las personas que conocía. Por
fin encontré la florería, pero la dueña se me quedó viendo con ojos raros.
"Sí, Señor,
¿qué quiere Ud.?"
En pocas palabras le dije lo de la misa de difuntos de
la tarde y que con dos ramos sería suficiente para adornar el altar de la
capilla. Ella me juntó las flores, pero en su cara le vi cierta molestia y
no le di más conversación.
"¿Eso es todo, Señor?"
Antes de que pudiera contestar, unos chicos
del colegio al verme se vinieron corriendo y gritando.
"¡Padre, Padre! ¿Por qué no fue a
ver el partido ayer? ¡Ganamos de 4 a 1!"
La señora de las flores interrumpió en
seco, ya visiblemente disgustada.
"¡Niños! ¡Dejen de gritar así! Este señor no es el "padre" de
Uds. y no han de llamar a nadie así, mas sólo a Dios."
Los niños se
le quedaron viendo atónitos y callados.
"¿Nunca han oído lo que está escrito en las
palabras de Cristo: No llamen a nadie "padre" en la tierra porque uno solo es
su Padre, el del
cielo.?
Este señor no es más que un hombre, pecador como
todos los demás. No es padre de ninguno."
Los ojos de la señora brillaron con el
triunfo de una valiente sierva del evangelio que acaba de desenmascarar a otro malvado títere
del Papa...o sea, a mí.
La verdad es que ese tipo de enfrentamientos me dan un
dolor de cabeza y los suelo evitar por lo mismo. Esa gente que usa la
Biblia como arma de ataque está tan hundida en sus prejuicios que ni citas bíblicas,
ni sentido común, ni sus propias contradicciones logran abrir sus ojos y facilitar el diálogo.
Después asiste a su reunión dominical y como testimonio de "evangelización" cuenta cómo logró humillar
a un señor cura y hacer ver a las multitudes que la Iglesia romana es,
en realidad, la gran ramera del Apocalipsis, etc... Y, casi siempre, termina diciendo que en
ese instante miles y miles de pecadores aceptaron a Cristo, gracias a su intrépido testimonio.
Dios
mío, qué rollo. Ya me lo sé de memoria.
¡hay que dar una respuesta!
Aunque lo que
dicen mis hermanos sectarios de mí me trae sin cuidado, esta vez había personas que
escuchaban, entre ellas los niños, y mi deber hacia ellas
me exigía una respuesta.
Siempre
he dicho que hay que saber dar las razones para todo lo que creemos y
hacemos como católicos. Aunque no convirtamos a nadie, que sepan que nuestra fe tiene un
fundamento sólido y no es ni superstición, ni invención.
Niño, tráeme la Biblia que está en
la guantera de mi bochito...Bien. Vamos a ver...Está en el evangelio de San Mateo, capítulo
23, versículos 8 a 10: Uds. no se dejen llamar rabino, porque uno solo es
su rabino y todos Uds. son hermanos. A nadie en la tierra llamen padre porque
uno solo es su Padre, el que está en el cielo. Uds. no se dejen
llamar maestro porque uno solo es su maestro, el Mesías.
¿Qué quiere enseñarles Jesús a sus
seguidores? Aquí hay todo un largo discurso de Jesús en el que regaña a los
doctores de la ley de los judíos porque imponen la ley a todo el mundo,
pero ellos hacen lo posible para zafarse de ella. Obligan a la gente a pagar
su diezmo y a someterse a mil reglas que ellos no cumplen y luego tienen
la cara de reclamar el respeto y los honores del cargo.
Lo que Jesús condena es
la hipocresía de esos doctores. Por eso termina su discurso así: Que el más grande
entre Uds. sea el siervo de todos. Es decir, no valen nada los títulos y
los honores, sino la sencillez del corazón y la caridad a los hermanos.
Dios es Padre,
el hombre es padre
Jesús no prohíbe el uso de la palabra padre, ni maestro, ni
rabino. De ser así metería a la mitad de los autores bíblicos en problemas serios.
El término padre se usa cantidad de veces: Jesús mismo cuando cuenta la parábola del
hijo pródigo (Lc.-15:11), o cuando dice a los suyos que hay que dejarlo todo, hasta
"padre y madre" para seguirle a él (Lc.14:26).
San Pablo emplea los términos padre, maestro
y rabino frecuentemente para referirse a personas concretas.
Pablo también utiliza la palabra padre en
referencia a sí mismo, ¡y nunca se casó ni tuvo hijos! En 1Cor.4,15 dice, Aunque
tuvieran diez mil maestros que les hablasen de Cristo, no tendrían más padres pues yo
los he engendrado en Cristo Jesús por medio del evangelio.
Porque fue quien predicó el
evangelio a los corintios y les enseñó cómo vivir como cristianos, Pablo se considera el
padre espiritual de ellos.
Por eso
llamamos al sacerdote padre: es quien guía a la comunidad
en el culto, quien administra los sacramentos, quien es responsable de enseñar a la comunidad.
Igual que un padre humano ayuda a nutrir la vida de sus hijos, el sacerdote
también ayuda a nutrir las vidas de sus hijos espirituales.
Ud.,Señora, ¿cómo le dice al abuelito
de sus hijos? ¿o cómo le habla al profesor en el salón del colegio de
sus niños? ¿A poco no los dice padre y maestro?
"Sí, claro, ¡pero eso no es
lo que Cristo quiso decir!"
Ahí está. Por lo menos en eso estamos de acuerdo.
¡todos de
rodillas, que viene el padrecito!
"Pero Uds.hacen que la gente se arrodille a sus pies y
que les besen la mano. Y eso es dar culto a los hombres. Nosotros damos
culto sólo a Dios."
Cuando los fieles se arrodillan al confesarse o al recibir la comunión
o al pedir una bendición, lo hacen espontáneamente como reverencia hacia Dios que se comunica
de forma especial a ellos en esos momentos.
No es indispensable que se hinquen y
no lo hacen por el señor cura. Es un acto de fe frente al poder
de Dios. Lo mismo eso de besarle la mano al
sacerdote. No es por quién
sea él personalmente, sino por lo que representa y por el oficio que ejerce, que
muchos fieles tiene esa costumbre.
Le aseguro que ningún padrecito se lo "exige" a la
gente.
No sé si con eso la señora quedó convencida. Pero, como digo, mi propósito no
era convencerla, sino hacerle ver que las razones de lo que hacemos y creemos los
católicos van mucho más allá de lo que pensaba ella.
Somos bíblicos y somos cristianos.
Sabemos que Jesucristo ha dado continuación a su obra a través del ministerio sacerdotal. Sabemos
que Dios sigue guiándonos por medio de hombres, aunque, como la señora del tianguis tuvo
la gentileza de recordarme, seamos unos pobres pecadores.
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