| Fidel signirechos, y luego llegó a ser
profesor muy estimado de filosofía y letras. Durante seis años fue encargado de la
educación de varios jóvenes de las familias principales de Suabia (Alemania), a los
cuales llevó por varios países de Europa para que conocieran la cultura y el modo de ser
de las diversas naciones. Sus alumnos se quedaban admirados del continuo buen ejemplo de
su profesor en el cual no podían encontrar ni una palabra ni un acto que no fueran de
buen ejemplo. Lo que los otros gastaban en cucherías él lo gastaba en dar limosnas.
Como abogado, Fidel se dedicó a defender gratuitamente a los pobres
que no tenían con qué costearse un defensor. Su generosidad era tan grande que la gente
lo llamaba "El abogado de los pobres". Ya desde muy joven renunciaba a conseguir
y estrenar trajes nuevos y el dinero que con eso ahorraba lo repartía entre las gentes
más necesitadas. Jamás en su vida de estudiante ni en sus años de profesional tomó
licor, ni nadie lo vio en reuniones mundanas o que ofrecieran peligro para la virtud. Sus
compañeros de abogacía se admiraban de que este sabio doctor nunca empleaba palabras
ofensivas en los pleitos que sostenía (y sus contrarios sí las usaban y muy terribles).
Un día el abogado contrario a un pleito, le ofreció en secreto una
gran cantidad de dinero, con tal de que arreglaran los dos en privado y se le diera la
victoria al rico que había cometido la injusticia. Fidel se quedó aterrado al constatar
lo fácil que es para un abogado el prestarse a trampas y vender su alma a Satanás por
unas monedas como lo hizo Judas. Y dispuso dejar la abogacía y entrar de religioso
capuchino. Tenía 35 años.
Dividió sus importantes riquezas en dos partes: la mitad la
repartió a los pobres, y la otra mitad la dio al Sr. Obispo para que hiciera un fondo
para costear los estudios a seminaristas pobres.
Con razón le pusieron después esta leyenda debajo de su retrato:
¡Santo es Fidel, y fue abogado!,
Obra del poder Divino.
Mucho le costó ser capuchino
y morir después martirizado.
Habiendo sido tan rico y tan lleno de comodidades se fue a vivir
como el más humilde y pobre fraile capuchino. Le pedía constantemente a Dios que lo
librara de la tibieza (ese vicio que lo hace a uno vivir sin fervor, ni frío ni caliente,
descuidado en sus deberes religiosos y flojo para hacer obras buenas) y le suplicaba a
Nuestro Señor que no lo dejara perder el tiempo en inutilidades y que lo empleara hasta
lo máximo en propagar el Reino de Dios. Le gustaba repetir la famosa frase de San Bernardo: "Sería una vergüenza que habiendo
sido coronado de espinas mi Capitán Jesucristo, en cambio yo que soy su soldado, viviera
entre comodidades y sin hacer sacrificios".
En Friburgo consiguió la conversión de muchos protestantes. Y la
gente se quedó admirada cuando llegó la peste del cólera, pues se dedicaba de día y de
noche a asistir gratuitamente a todos los enfermos que podía. Su austeridad o dominio de
sí mismo, era impresionante. Su fervor en la oración y en la Santa Misa conmovían a los
que lo acompañaban. Las gentes veían en su persona a una superioridad interior que les
impresionaba. Su predicación conseguía grandes frutos porque era sencilla, clara,
fácil, práctica, suave y amable, pero acompañada por la unción o fuerza de conmover
que proviene de quien antes de predicar reza mucho por sus oyentes y después de la
predicación sigue orando por ellos. Era tal el atractivo de sus sermones que hasta los
mismos herejes iban a escucharlo. Pero este atractivo fue el que llenó de envidia y rabia
a sus opositores y los llevó a escogerlo a él, entre todos los compañeros de misión,
para martirizarlo.
Hay algo que a los santos les falla de manera impresionante, es la
"prudencia simplemente humana", ese andar haciendo cálculos para no excederse
en desgastarse por el Reino de Dios. Los santos no se miden. Ellos se enamoran de Cristo y
de su religión y no andan dedicándose a darse a cuenta gotas, sino que se entregan
totalmente a la misión que Dios les ha confiado. Y esto le sucedió a Fidel. Cada poco le
llegaban tarjetas como esta: "Recuerde que está predicando en tierras donde hay
muchos protestantes, evangélicos, calvinistas y demás herejes. No hable tan claro en
favor de la religión católica, si es que quiere seguir comiendo tranquilamente su sopa
entre nosotros".
Pero él seguía incansable enseñando el Catecismo Católico y
previniendo a sus oyentes contra el peligro de las sectas de evangélicos y demás
protestantes. Tenía que prevenir a sus ovejas contra los lobos que acaban con las
devociones católicas.
Al saber en Roma los grandes éxitos del padre Fidel que con sus
predicaciones convertía a tantos protestantes, lo nombraron jefe de un grupo de
misioneros que tenían que ir a predicar en Suiza, nido terrible de protestantes
calvinistas. Lo enviaba la Sagrada Congregación para la Propagación de la fe.
En la ceremonia con la cual lo despedían solemnemente al empezar su
viaje hacia Suiza, Fidel dijo en un sermón: "Presiento que voy a ser asesinado, pero
si me matan, aceptaré con alegría la muerte por amor a Jesucristo y la consideraré como
una enorme gracia y una preferencia de Nuestro Señor.
Pocos días antes de ser martirizado, al escribir una carta a su
lejano superior, terminaba así su escrito: "Su amigo Fidel que muy pronto será
pasto de gusanos".
Al llegar a Suiza empezó a oír rumores de que se planeaba
asesinarlo porque los protestantes tenían gran temor de que muchos de sus adeptos se
pasaran al catolicismo al oírlo predicar. Al escuchar estas noticias se preparó para la
muerte pasando varias noches en oración ante el Santísimo Sacramento, y dedicando varias
horas del día a orar, arrodillado ante un crucifijo. La santidad de su vida lo tenía ya
bien preparado para ser martirizado.
El domingo 24 de abril, se levantó muy temprano, se confesó y
después de rezar varios salmos se fue al templo de Seewis, donde un numeroso grupo de
protestantes se había reunido con el pretexto de que querían escucharlo, pero con el fin
de acabar con él. Al subir al sitio del predicador, encontró allí un papel que decía: "Este
será su último sermón. Hoy predicará por última vez". Se armó de valor y
empezó entusiasta su predicación. El tema de su sermón fue esta frase de San Pablo: "Una
sola fe, un solo Señor, un solo bautismo" (EF. 4,5) y explicó brillantemente
cómo la verdadera fe es la que enseñan los tima vez". Se armó de valor y
empezó entusiasta su predicación. El tema de su sermón fue esta frase de San Pablo: "Una
sola fe, un solo Señor, un solo bautismo" (EF. 4,5) y explicó brillantemente
cómo la verdadera fe es la que enseñan los católicos, y el único Señor es Jesucristo
y que no hay varios bautismos como enseñan los protestantes que mandan rebautizar a la
gente. Aquellos herejes temblaban de furia en su interior, y uno de los oyentes le
disparó un tiro, pero equivocó la puntería. Fidel bajó del sitio desde donde predicaba
y sintiendo que le llegaba el fin, se arrodilló por unos momentos ante una imagen de la
Sma. Virgen. Quedó como en éxtasis por unos minutos, y luego salió por una pequeña
puerta por la sacristía detrás del templo.
Los herejes lo siguieron a través del pueblo gritándole: "Renuncie
a lo que dijo hoy en el sermón o lo matamos". El les respondió valientemente: "He
venido para predicar la verdadera fe, y no para aceptar falsas creencias. Jamás
renunciaré a la fe de mis antepasados católicos." Aquel grupo de
herejes, dirigidos por un pastor protestante, le gritaba: "O acepta nuestras
ideas o lo matamos". El les contestó: "Ustedes verán lo que hacen. Yo
me pongo en manos de Dios y bajo la protección de la Virgen Santísima. Pero piensen bien
lo que van a hacer, no sea que después tengan que arrepentirse muy amargamente".
Entonces lo atacaron con palos y machetes y lo derribaron por el suelo, entre un charco de
sangre. Poco antes de morir alcanzó a decir: "Padre, perdónalos".
Era el 24 de abril del año 1622.
Dios demostró la santidad de su mártir, obrando maravillosos
milagros junto a su sepulcro. Y el primer milagro fue que aquel pastor protestante que
acompañaba a los asaltantes, se convirtió al catolicismo y dejó sus errores.
El Papa Benedicto XIV lo declaró santo en 1746.
San Fidel mártir: te encomendamos nuestros países tan plagados de
protestantes, evangélicos, Testigos de Jehová, Mormones, etc., que le van quitando la
devoción a nuestra gente y la van llevando al indiferentismo y a la herejía. Haz que a
ejemplo tuyo se levanten por todas partes apóstoles católicos valerosos y santos que
prevengan al pueblo y no lo dejen caer en las garras de estos lobos que asaltan al
verdadero rebaño del señor.
Si el grano de trigo cae a tierra y muere,
produce mucho fruto. (Jesucristo). |