| La mujer escandalosa que llegó a ser de
muy buen ejemplo. Margarita nació en Italia en 1247. Hija de
una familia de agricultores, los primeros años los pasa alegremente junto a su madre que
es muy piadosa y que le enseña a ofrecer por la salvación y por la conversión de los
pecadores todo lo que hace y lo que reza.
Pero a los 7 años queda huérfana de madre, y entonces su padre se
casa con una mujer dominante y agresiva que se dedica a hacerle la vida imposible a la
joven Margarita, la cual empieza a volverse triste y desconfiada y a buscar fuera del
hogar las alegrías que en su casa no logra hallar.
A los 17 años ya es una joven muy hermosa pero no puede encontrar
cariño en su hogar. Es entonces cuando se deja engañar por un terrateniente, un rico
agricultor que prometiéndole que se casará con ella, logra obtener que se fuera de su
casa y se vaya con él. Ella al principio opone resistencia porque sabe que lo que le
ofrece es la deshonra y una vida de pecado, pero los regalos espléndidos y las promesas
mentirosas de aquel engañador la logran convencer, y una noche sale huyendo y se va con
él.
Viajan aquella noche por un río en una balsa. Chocan y la balsa se
hunde. Ella corre gravísimo peligro de ahogarse, pero su prometido logra salvarla nadando
ágilmente. La joven considera esto como una llamada de Dios, pero en aquella hora pueden
más las promesas del pecado que los avisos de Dios, y sigue con aquel hombre.
Son ocho años de pecado, de lujos, de fiestas y placeres, pero su
alma no es feliz. Desea fuertemente volver a los tiempos antiguos cuando aunque no tenía
lujos ni fiestas, ni honores, sin embargo tenía el alma limpia de pecado y tranquila su
conciencia. Tiene un hijo (que más tarde será franciscano) pero en su alma se libra cada
día una violenta batalla entre su deseo de vivir en gracia y amistad con Dios y los
deseos pasionales de su naturaleza humana. La gente la ve atravesar plazas y calles,
elegantísima, en lujosas cabalgaduras, pero no imaginan que su alma agoniza de angustia.
Para calmar un poco los remordimientos de su conciencia se dedica a
repartir limosnas entre los pobres. A una viejita agradecida que le dice: "Gracias
señora, Ud. si es buena persona". Le responde: ¡Por favor: no diga eso, que yo
sólo soy una miserable pecadora!
A ratos se retira a las soledades del bosque a llorar. Y allí
exclama: "Oh Dios: que bueno es poder hablarte, aunque el alma se siente tan débil y
pecadora. Te repito las palabras del hijo pródigo: He pecado contra el cielo y contra
Ti".
Le ruega a su compañero que contraigan matrimonio porque su alma no
puede vivir tranquila en esa vida de ilegitimidad, pero él le responde que prefiere vivir
en unión libre todavía por muchos años. Entonces ella ruega a Dios que le proporcione
alguna solución. Y no se cansa de pedirle, con lágrimas, penitencias y mucha fe.
Una mañana su compañero se va al campo a visitar sus fincas. Por
el camino unos sicarios guerilleros lo atacan, y lo matan a puñaladas, y esconden su
cadáver entre unas matas, el hombre no vuelve esa tarde a casa, pero su fiel perro llega
al día siguiente dando aullidos muy lastimeros y tira insistentemente de la falda de
Margarita como diciéndole: "Por favor, sígame". Ella lo sigue llena de afán y
de temor de que algo grave le haya sucedido a su compañero. En el bosque, junto a un gran
árbol hay un montón de ramas y hasta allí la lleva el perro fiel. Margarita mueve ramas
y encuentra el cadáver de su amante, destrozado con horrorosas heridas y empezando a
descomponerse.
Margarita siente en aquel momento como un relámpago la llamada del
cielo a volver a vivir en gracia y en amistad con Dios. Estalla en llanto por la tristeza
de ver muerto a aquel hombre y por los terribles remordimientos que atormentan su propia
conciencia. Pero recuerda que el Padre Celestial tiene siempre abiertos sus brazos
bondadosos para recibir a todos los hijos pródigos que quieren volver a su divina
amistad, y que Jesucristo nunca rechaza a las Magdalenas que quieran arrepentirse y
cambiar de comportamiento, y con todas las energías de su alma se propone darle un vuelco
total a su vida. Bien sabe que mientras vivamos en esta tierra nunca es tarde para
convertirse y lograr salvarse.
Margarita no es mujer de medias tintas. Cuando se decide por algo lo
hace con todas sus fuerzas. Así que lo primero que hace al volver del funeral de su
amante es devolverles a los familiares de él todas las fincas que el hombre tenía. Vende
luego las joyas y los lujos, y el dinero obtenido lo reparte a los pobres y ella se
dispone a seguir viviendo en total pobreza.
Se va con su hijito a casa de su padre, pero la madrastra no permite
que sea recibida allí, pues la considera una mujer escandalosa, y no cree en su
arrepentimiento. Entonces sentada bajo un árbol se pone a llorar y a pensar. Los enemigos
de la salvación le dicen: "Eres hermosa, tienes apenas 25 años, lánzate a la vida,
que amadores no te van a faltar". Pero mientras reza siente que el Espíritu Santo le
inspira esta idea: ¿Por qué no ir a la ciudad de Cortona donde están los Padres
Franciscanos que son tan amigos de los pobres, y pedirles que me ayuden? Y hacia esa
ciudad dirige sus pasos.
Al llegar a Cortona, en la entrada de la ciudad se encuentra con dos
buenas señoras que se conmueven al verla en tan impresionante estado de pobreza y se
ofrecen a ayudarla. La llevan a su casa; se encargan de la educación del niño y ellas
mismas van donde los Padres Franciscanos a recomendarla.
Una gran bendición para Margarita fue encontrar entre los Padres
Franciscanos dos santos y sabios sacerdotes que le supieron dar una excelente dirección
espiritual. Por tres años largos tiene todavía que luchar esta joven contra las
terribles tentaciones de su carne, pero estos prudentes directores la ayudan muchísimo
animándola cuando está decaída y deprimida y guiándola con prudencia cuando ella se
quiere dejar llevar por desmedidos entusiasmos. Deseaba hacer excesivas penitencias,
porque decía que co nlas pasiones de su cuerpo nunca podía hacer las paces y que tenía
que dominar a la fuerza ese cuerpo que tanto le había hecho ofender a Dios. Pero los
Padres Franciscanos la moderaban y le insistían en que para la sociedad puede ser más
útil un burro vivo que un cadáver.
Margarita fue al pueblo y a los campos donde había dado malos
ejemplos viviendo en concubinato, y fue a vestida de penitencia y pidiendo perdón a los
vecinos por todos los escándalos que les había dado con su vida pecaminosa de otros
tiempos.
Luego por inspiración de Dios dejó de pensar tanto en sus antiguos
pecados, y se dedicó más bien a pensar en el amor que Dios nos ha tenido, y esto la hizo
crecer mucho en santidad. Entonces empezó a tener éxtasis (se llaman éxtasis a ciertos
estados de contemplación y de meditación profunda cuyo resultado es la suspensión
temporal de la actividad normal de los sentidos y cierta unión mística con Dios,
acompañada de visiones sobrenaturales).
Sus directores, los dos Padres Franciscanos, fueron escribiendo
todos los datos que lograron saber y redactaron la vida de la santa y muchas de sus
visiones.
Fue admitida como Terciaria Franciscana, o sea como religiosa
seglar, que viviendo en el mundo, se dedica a llevar una vida de mucha oración y de
intenso apostolado.
Con la ayuda de otras jóvenes terciarais franciscanas, y pidiendo
limosnas y ayudas de todas partes, Margarita funda un hospital en Cortona y allí se
dedica con sus compañeras a atender gratuitamente a muchos enfermos.
Nuestro Señor empieza a hablarle en visiones, y así esta santa
llega a ser una de las precursoras de la devoción al Sagrado Corazón. Recordemos algunos
de los mensajes que Jesús le dio:
"Quiero que tu conversión sea un ejemplo para muchos
pecadores, para que se sientan animados también a dejar la vida de pecado que han
llevado, y a emprender desde ahora en adelante una vida llena de buenas obras. Deseo que
todos los pecadores de todos los siglos recuerden que estoy dispuesto a recibirlos con los
brazos abiertos como el padre recibió al hijo pródigo".
Cuando le asaltan las angustias al pensar si Jesucristo le habrá
perdonado todas sus maldades, oye la voz de Nuestro Señor que le dice: "Porque he
muerto en la cruz por salvarte, por eso te perdono todas tus culpas, sin dejar ninguna que
no quede perdonada".
Otro día le dice Nuestro Señor: "Glorifícame, y Yo te
glorificaré. Ámame, ámame y Yo te amaré. Dedícate a buscar lo que más te convenga
para tu salvación".
En sus últimos años Margarita recibió de Dios el don de obrar
milagros. Y se dedica a continuas penitencias. Ayuna; duerme sobre el duro suelo; pasa
horas y horas rezando. Atiende con exquisito cuidado a toda clase de enfermos,
especialmente a los más repugnantes. Ayuda a las mujeres pobres que van a tener hijos y
que no tienen quién las atienda. Y sobre todo soporta con gran paciencia la increíble
cantidad de cuentos y calumnias que las gentes malas le inventan contra su buena fama.
Hasta los Padres Franciscanos dejan de atenderla porque las malas lenguas dicen que es una
mujer indigna. Se retira a pasar sus últimos días en un rancho miserable y abandonado,
para hacer penitencia de sus pecados.
Muere el 22 de febrero de 1297, a los 50 años. La mitad de la vida
la pasó en pecado y la otra mitad haciendo penitencia y obras buenas. Lo último que dijo
al morir fue: "Dios mío: yo te amo". El Papa Benedicto Trece, al declararla
santa, dijo que Margarita es la mujer que más parecido tiene con María Magdalena.
Santa Margarita, la convertida: pídele a Dios, que nosotros
también logremos convertirnos.
Nuestro sacrificio más agradable para Dios será el arrepentirnos y
convertirnos de nuestros pecados. |