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27 de Febrero San Gabriel de
la Dolorosa (año 1862).
El bailarín que llegó a la santidad. Nació en Asís (Italia) en 1838. Su nombre en el mundo era Francisco
Possenti. Era el décimo entre 13 hermanos. Su padre trabajaba como juez de la
ciudad. A los 4 años quedó huérfano de madre. El papá, que era un excelente
católico, se preocupó por darle una educación esmerada, mediante la cual logró
ir dominando su carácter fuerte que era muy propenso a estallar en arranques de
ira y de mal genio. Al terminar su bachillerato, y cuando ya iba a empezar sus estudios
universitarios, Dios lo llamó a la conversión por medio de una grave
enfermedad. Lleno de susto prometió que si se curaba de aquel mal, se iría de
religioso. Pero apenas estuvo bien de salud, olvidó su promesa y siguió gozando
del mundo. Un año después enferma mucho más gravemente. Una laringitis que trata
de ahogarlo y que casi lo lleva al sepulcro. Lleno de fe invoca la intercesión
de un santo jesuita martirizado en las misiones y promete irse de religioso, y
al colocarse una reliquia de aquel mártir sobre su pecho, se queda dormido y
cuando despierta está curado milagrosamente. Pero apenas se repone de su
enfermedad empieza otras vez el atractivo de las fiestas y de los
enamoramientos, y olvida su promesa. Es verdad que pide ser admitido como
jesuita y es aceptado, pero él cree que para su vida de hombre tan mundano lo
que está necesitando es una comunidad rigurosa, y deja para más tarde el entrar
a una congregación de religiosos. Estalla la peste del cólera en Italia. Miles y miles de personas van
muriendo día por día. Y el día menos pensado muere la hermana que él más
quiere. Considera que esto es un llamado muy serio de Dios para que se vaya de
religioso. Habla con su padre, pero a éste le parece que un joven tan amigo de
las fiestas mundanas se va a aburrir demasiado en un convento y que la vocación
no le va a durar quizá ni siquiera unos meses. Pero un día asiste a una procesión con la imagen de la Virgen
Santísima. Nuestro joven siempre le ha tenido una gran devoción a la Madre de
Dios (y probablemente esta devoción fue la que logró librarlo de las trampas
del mundo) y en plena procesión levanta sus ojos hacia la imagen de la Virgen y
ve que Ella lo mira fijamente con una mirada que jamás había sentido en su
vida. Ante esto ya no puede resistir más. Se va a donde su padre a rogarle que
lo deje irse de religioso. El buen hombre le pide el parecer al confesor de su
hijo, y recibida la aprobación de este santo sacerdote, le concede el permiso
de entrar a una comunidad bien rígida y rigurosa, los Padres Pasionistas. Al entrar de religioso se cambia el nombre y en adelante se llamará
Gabriel de la Dolorosa. Gabriel, que significa: el que lleva mensajes de Dios.
Y de la Dolorosa, porque su devoción mariana más querida consiste en recordar
los siete dolores o penas que sufrió la Virgen María. Desde entonces será un
hombre totalmente transformado. Gabriel había gozado siempre de muchas comodidades en la vida y le
había dado gusto a sus sentidos y ahora entra a una comunidad donde se ayuna y
donde la alimentación es tosca y nada variada. Los primeros meses sufre un
verdadero martirio con este cambio tan brusco, pero nadie le oye jamás una
queja, ni lo ve triste o disgustado. Gabriel lo que hacía, lo hacía con toda el alma. En el mundo se había
dedicado con todas sus fuerzas a las fiestas mundanas, pero ahora, entrado de
religioso, se dedicó con todas las fuerzas de su personalidad a cumplir
exactamente los Reglamentos de su Comunidad. Los religiosos se quedaban
admirados de su gran amabilidad, de la exactitud total con la que cumplía todo
lo que se le mandaba, y del fervor impresionante con el que cumplía sus
prácticas de piedad. Su vida religiosa fue breve. Apenas unos seis años. Pero en él se
cumple lo que dice el Libro de la Sabiduría: "Terminó sus días en breve
tiempo, pero ganó tanto premio como si hubiera vivido muchos años". Su naturaleza protestaba porque la vida religiosa era austera y
rígida, pero nadie se daba cuenta en lo exterior de las repugnancias casi
invencibles que su cuerpo sentí ante las austeridades y penitencias. Su
director espiritual sí lo sabía muy bien. Al empezar los estudios en el seminario mayor para prepararse al
sacerdocio, leyó unas palabras que le sirvieron como de lema para todos sus
estudios, y fueron escritas por un sabio de su comunidad, San Vicente María
Strambi. Son las siguientes: "Los que se preparan para ser predicadores o
catequistas, piensen mientras estudian, que una inmensa cantidad de pobres
pecadores les suplica diciendo: por favor: prepárense bien, para que logren
llevarnos a nosotros a la eterna salvación". Este consejo tan provechoso
lo incitó a dedicarse a los estudios religiosos con todo el entusiasmo de su
espíritu. Cuando ya Gabriel está bastante cerca de llegar al sacerdocio le llega
la terrible enfermedad de la tuberculosis. Tiene que recluirse en la
enfermería, y allí acepta con toda alegría y gran paciencia lo que Dios ha
Cuando ya Gabriel está bastante cerca de llegar al sacerdocio le llega
la terrible enfermedad de la tuberculosis. Tiene que recluirse en la
enfermería, y allí acepta con toda alegría y gran paciencia lo que Dios ha
permitido que le suceda. De vómito de sangre en vómito de sangre, de ahogo en
ahogo, vive todo un año repitiendo de vez en cuando lo que Jesús decía en el
Huerto de los Olivos: "Padre, si no es posible que pase de mí este cáliz
de amargura, que se cumpla en mí tu santa voluntad". Pero había otra gran ayuda que lo llenaba de valor y esperanza, y era
su fervorosa devoción a la Madre de Dios. Su libro mariano preferido era
"Las Glorias de María", escrito por San Alfonso, un libro que
consuela mucho a los pecadores y débiles, y que aunque lo leamos diez veces,
todas las veces nos parece nuevo e impresionante. La devoción a la Sma. Virgen
llevó a Gabriel a grados altísimos de santidad. A un religioso le aconsejaba: "No hay que fijar la mirada en
rostros hermosos, porque esto enciende mucho las pasiones". A otro le
decía: "Lo que más me ayuda a vivir con el alma en paz es pensar en la
presencia de Dios, el recordar que los ojos de Dios siempre me están mirando y
sus oídos me están oyendo a toda hora y que el Señor pagará todo lo que se hace
por él, aunque sea regalar a otro un vaso de agua". Y el 27 de febrero de 1862, después de recibir los santos sacramentos
y de haber pedido perdón a todos por cualquier mal ejemplo que les hubiera
podido dar, cruzó sus manos sobre el pecho y quedó como si estuviera
plácidamente dormido. Su alma había volado a la eternidad a recibir de Dios el
premio de sus buenas obras y de sus sacrificios. Apenas iba a cumplir los 25 años. Poco después empezaron a conseguirse milagros por su intercesión y en
1926 el Sumo Pontífice lo declaró santo, y lo nombró Patrono de los Jóvenes
laicos que se dedican al apostolado. San Gabriel de la Dolorosa: pídele a la Sma. Virgen por tantos jóvenes
tan llenos de vitalidad y de entusiasmo para que encaucen las enormes fuerzas
de su alma, no a dejarlas perderse en goces mundanos, sino a ganarse un gran
premio en el cielo dedicándose a salvar su propia alma y la de muchos más. |
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