Regina viene del latín y etimológicamente significa “reina”.
Vivió en el siglo V.
Regina fue una piadosa doncella, hija de un ciudadano pagano de Autun (Alesia),
localidad de las Galias. La madre de Regina falleció al dar la luz y fue
entregada a una nodriza, que era cristiana y que la educó en la fe.
A los 15 años, Regina le hizo una promesa de virginidad a Cristo, dejaría el
halago del mundo para vivir la unión perfecta con su Evangelio.
Regina era tan hermosa que cuando pasó el gobernador Olibrio por Alesia, la
vio y se quedó prendado de sus encantos femeninos. En seguida mandó a sus
súbditos que la llevaran ante su presencia para verla de cerca. Se enamoró
de ella como un adolescente. Pero su sorpresa fue mayor cuando se enteró de
que era cristiana. Mientras tanto, al tener que irse de viaje, ordenó que la
metieran en la cárcel hasta que volviese. Esperaba que durante su ausencia,
esta linda joven renunciara a su fe para, de esta forma, poder casarse con
ella. No sabía que la promesa de su virginidad que le hizo a Jesús, era
inquebrantable. Como pasaba el tiempo sin que Regina cediese, Olibrio
desahogó su cólera haciendo azotar a la joven y sometiéndola a otros
tormentos. Una de aquellas noches, recibió en su calabozo el consuelo de una
visión de la cruz al tiempo que una voz le decía que su liberación esta
próxima. Al otro día, Olybrius ordenó que fuera torturada de nuevo y que
fuera decapitada después. En el momento de la ejecución, apareció una paloma
blanquísima que causó la conversión de muchos de los presentes.
La devoción a la santa aumentó a partir del siglo VII.